Music Club

Hiperacústico, político y social

Curling lips, fingertips, dead eye dips

i saw it all in the blackfield

splinter cracks, summer tracks, paperbacks

we found them all in the blackfield

Blackfield

 

Fundador de la banda británica Porcupine Tree, el guitarrista, tecladista y vocalista Steven Wilson (Londres, 1967), bestia del rock progresivo, también ha llevado a cabo otros proyectos sonoros: el de Blackfield, al lado de Aviv Geffen (un fan de Wilson), No-Man –banda clasificada como jazz, rock progresivo, trip hop, electro-pop, art rock y música ambiental-, compartiendo experiencias sonoras con Tim Bowness,  Bass Communion, Storm Corrosion (junto a otro seguidor de Wilson: Mikael Åkerfeldt, de Opeth) y I.E.M.

Megafanático de Wilson y PorcupineTree, ahora lo soy de Blackfield, gracias a la intervención de mi amigo, el melómano noventero Eduardo Razón: “Para mí es mejor Blackfield que PorcupineTree”, me dijo en una ocasión, mientras los compases del grupo aludido nos inundaban las orejas. Difiero de esa opinión. Ambos grupos son extraordinarios.

Blackfield ha producido cuatro discos: Blackield, Blackfield II, Welcome to my DNA y Blackfield IV.

Enseguida, ofrezco una traducción de la letra It´s Cloudy Now (Está nublado ahora), tercer track de su primer álbum. El escenario alude la confusión del hombre posmoderno en un mundo de violencia:

“En un lugar violento al que llamamos país/Hay un hombre confundido que supongo que soy yo/El sol está en el cielo pero la tormenta parece nunca terminar/Es un lugar de dolor pero le podríamos llamar casa/Y los pensamientos más oscuros, sí imagino que son los míos/Hay riqueza en el banco, pero no hay nada que mostrar en el interior”.

Las estrategias sonoras recuerdan a PorcupineTree: Diferentes planos acústicos, armonías densas, guitarras eléctricas produciendo efectos no convencionales, contrapuntos en las voces y los instrumentos. Sin embargo, bien escuchado, el discurso de Blackfield te sumerge en un mundo alterno, caótico, que parece delinear la desesperanza y resignación del hombre.

Las sociedades son cada vez más complejas. En ese contexto, uno de los mayores retos de los gobiernos consiste en recuperar aunque sea una parte del clima de tranquilidad que se ha perdido.

La función del arte no debe estar disociada de la realidad. En estos momentos de violencia extrema–de hiperviolencia-, los artistas tenemos que formar un frente, una trinchera estética que refleje nuestra memoria histórica y no el autismo de la actividad creadora.

Más allá de estas cosas, la labor de los gobiernos debe consistir  en situar al arte y la cultura en su justa dimensión pragmática. Arte y cultura no son un maniquí de aparador, sino una operación fáctica para moldear el pensamiento de los pueblos.

Espero tus comentarios. Hasta en quince.

 

leverkhun1@outlook.es 

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