Music Club

Einstein en la playa

Julio Gómez, historiador y

amigo, es también investigador

musical. A él debo la versión de

la ópera Einstein on the Beach

de Philip Glass (Baltimore, 1937)

y Robert Wilson (Waco, Texas,

1941), que hoy comentaré con

ustedes.

La ópera “revolucionaria desde todos los ángulos” (francetvinfo), -y estrenada en el Festival d´Avignon en 1976-, fue reinterpretada por el director de orquesta Don Kent en el Théâtre du Châtelet de París, entre los días 7 y 14 de enero de 2014.

Con una duración de 4 horas 36 minutos, Einstein on the Beach es un experimento cuya entrada y salida del recinto no tiene ninguna condicionante. Uno puede quedarse y escuchar la versión completa sin abandonar su butaca, o salir del teatro y realizar cualquier otra actividad, asumiendo que nuestros actos forman parte del drama.

Coreografía espacial. Una estación de ferrocarril. Sobre una grúa, un niño sostiene un cubo luminoso. Un tren avanza con lentitud mientras los actores, desde la plataforma, se desplazan con movimientos robóticos. Despliegue visual que recuerda los escenarios surrealistas.

Sobre una base armónica de fondo, contrapunto de palabras y canto (coros), de ritmos entramados en combinaciones matemáticas. La música gira sobre sí misma –discurso recurrente en Glass-, y nos somete a una tensión que no cesará  a lo largo de la representación.

Más allá de que Philip Glass se haya convertido en uno de mis compositores favoritos –al mismo nivel que Michael Niman y Arvo Part-, la audición de Einstein on the Beach me trajo el recuerdo de mis tiempos de juventud, cuando gozaba de manera especial con la música de los serialistas: Arnold Schoenberg, Anton Webern y Alban Berg.

Entonces escuché dos óperas de Berg, Lulú y Wozzeck, y me pregunté al mismo tiempo porqué nunca habían sido parte de los programas operísticos ofrecidos en Guadalajara. La misma pregunta me la hago ahora. Einstein on the Beach fue presentada en México, en el Palacio de Bellas Artes –montaje dirigido por Glass y Wilson-, en noviembre de 2012.

Nuestra ciudad es una isla con resistencia a la exploración. Derribar el rezago cultural en materia de música, implica crear programas que permitan acceder a las nuevas formas sonoras. Una variedad de métodos sonoros nos son ajenos porque las instituciones no ponen en práctica una gestión cultural que nos mantenga en contacto con el resto del mundo.

Coda. Una brevísima línea del tiempo para darle su sentido a la música contemporánea, tendría que partir con una audición de la música de Richard Wagner (Leipzig, 1813 – Venecia, 1883) y la música serial o dodecafónica –pasando por los experimentos futuristas de Arthur Honneger (El Havre, Francia, 1892-París, 1955)-, hasta llegar a los minimalistas –incluyendo a Laurie Anderson (Glen Ellyn, Illinois, 1947)-, y los nacionales: Mario Lavista, Federico Ibarra, Pedro Barboza, Antonio Navarro, por ejemplo. Un abrazo.

http://twitter.com/AlterRuy