Music Club

Drama y música

La música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu. 
Miguel de Cervantes Saavedra

Algunas personalidades de la historia, filósofos, cineastas, por ejemplo, han dedicado una parte de su energeia creadora a la composición musical. Friedrich Nietzche, (Röcken, 1844-Weimar, 1900),  filósofo del Superhombre, compuso lieders (canciones), piezas para piano y corales –imprescindible recordar la amistad que unió a Nietzche y Wagner.

En el mundo del cine, David Lynch,  (Montana, Estados Unidos, 1946), ha producido los álbumes The Big Dream, Crazy Clown Time y Bluebob, así como la música de sus películas (Twin Peaks; Eraserhead).

Hoy toca hablar de un genio de la actuación que ha incursionado en el mundo de la creación musical: Sir Anthony Hopkins  (Port Talbot, West Glamorgan (Gales), 1937).

Inmortal por su interpretación del Dr. Hannibal Lecter, en The Silence of the Lamps (El silencio de los corderos) (1991) -dirigida por Jonathan Demme-, la aportación de Hopkins a los universos de la música es poco conocida.

Esto es lo que llevó a mi amigo, el Ingeniero Eric Miguel Briseño, melómano y constructor de nuevos universos sonoros, a obsequiarme el CD, Anthony Hopkins Composer, de 2011, producido por DECCA Classic, e interpretado por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham.

El disco contiene 9 tracks: Orpheus, Stella, Evesham Fair, And the Waltz Goes On, Amerika, Margam, 1947-Circus, 1947-Bracken Road, y 1947-The Plaza.

La música de Hopkins lo delata como actor y director. El drama está presente en todo momento. Clímax orquestales, referencias visuales –una especie de neo impresionismo-, sutileza melódica invocada por el cello (Stella), y reminiscencias de Johann Strauss II  (Viena, Austria, 1825-Viena, 1899), creador del vals El Danubio azul.

Aunque no encontré en su música innovaciones sonoras –imposible situarlo a nivel de los experimentales Cage, Xenakis, Glass, imposible porque éstos han sido artistas plenamente dedicados a la música-, reconozco el toque personal del actor. Un toque que se aleja de las pretensiones superfluas para expresarse con honestidad.

En algún momento, inmerso en el discurso sonoro de Hopkins, recordé la música de la película austro-alemana Die  Fälscher (Los falsificadores) (2007), de Stefan Ruzowitzky.

Con todo, creo que lo esencial es seguir los caminos de la exploración. Adentrarse en los recónditos sonoros y avanzar en nuestra competencia auditiva. Por qué no, oír el día de mañana esa composición clásica, seria, de concierto, de Paul McCartney (creo que es un oratorio), que no me he atrevido a escuchar porque quiero conservar en mi mente al genio de Liverpool como lo que fue: un grande del rock.

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