Music Club

Contrapunto multicultural

La divulgación de la alta cultura

cosecha sus máximos triunfos

cuando logra popularizar una obra maestra.

Enrique Serna

 

El investigador musical debe interesarse por los fenómenos sonoros de su entorno. Vivimos en una sociedad democrática y multicultural. Esa realidad nos hace partícipes de un cúmulo de sonoridades, complejas, en donde el gusto y la identidad juegan un papel primordial.

Dado que el fenómeno sonoro está integrado a la energía social, la adherencia o exclusión a un determinado género musical forman la dialéctica cotidiana.

Desde la frontera del academicismo –el aprendizaje de la música en las escuelas de arte-, se entreteje una red que tiende a excluir las tendencias de la música popular.

Se estudian las técnicas de composición de los grandes de la historia: Bach, Beethoven, Debussy, Stravinsky –imprescindibles para el aprendizaje, sin duda-, pero se desdeñan los giros melódicos, las armonías cálidas, la energía sonora de la música cotidiana.

No debemos olvidar que grandes compositores –quizá los más exitosos- de la denominada música clásica, seria, de concierto en nuestro país, han aprendido de las sonoridades del pueblo para construir sus arquitecturas musicales. Cito a José Pablo Moncayo, Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y más recientemente Arturo Márquez.

Al quitarnos la venda de la soberbia, podremos ver el mundo que se desenvuelve más allá de las aulas. Virtuosos del clarinete, el trombón o la trompeta en las bandas de los pueblos. Expresiones de los pueblos indígenas –sonoridad ancestral-, el espejo de nuestra identidad reflejado también en una diversidad de géneros que van desde el ranchero, la música norteña, el jazz y el rock. No olvidemos que la música es el más universal de los lenguajes.

Una postura más incluyente –palabra de moda-, nos debería convertir en receptores atentos de las sonoridades que nos rodean. Ser como los compositores experimentales –incluido Gabriel Martínez, personaje central de las obras de Agustín Yáñez Al filo del agua y La creación-, que se dedicaron a escuchar las bandas pueblerinas y los ruidos citadinos: cláxones, motores, gritos de vendedores, para aprender a pautar disonancias perfectas.

(…)

Hoy te invito a escuchar a un niño de once años, prodigio del jazz: Joey Alexander, y su álbum debut My favorite things, el cual puedes encontrar en la dirección electrónica www.youtube.com/watch?v=-VAx8h2xzT0y  Variaciones sobre el tema de Una Triste Canción de Amor, de Alex Lora, en la versión del excepcional guitarrista mexicano Antonio Salazar. Busca el link https://www.youtube.com/watch?v=uvGWeyyIYQQ

Desde un rincón del D`Val, hasta en quince con más aventuras sonoras.

 

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@AlterRuy