Music Club

Carta a un pequeño guerrero

Para mi hijo Rodrigo Arzú

 

El compositor Carlo Domeniconi (Cezena, Italia, 1947), es autor de experimentos guitarrísticos. Así por ejemplo Koyunbaba o El abuelo de las Ovejas –recomiendo la interpretación de David Russell y de Juan Carlos Laguna-, obra en la que el compositor utiliza una afinación no convencional.

La magia de los acordes y los pasajes melódicos de Koyunbaba la convierten en un modelo que seguirán otros compositores del XX-XXI, como Gustavo Santaolalla.

Koyunbaba es también una obra efectista. El eco de los arpegios sumergidos entre las variaciones son un intertexto sonoro de la raga hindú, un homenaje al arte de la improvisación.

Pero de lo que hoy quiero hablar Arzú –por eso te he dedicado esta columna-, es de esa obra maravillosa, los preludios de Domeniconi, de los cuales ejecutas doce: Ninna-Nanna, Semplice, Minuetto, Dedica, Quasi Notturno, Ruscello, Harem, Ironía, Equilibrato, Sagra, Nostalgia y Canto, que nos hace recordar el propósito principal de nuestra empresa. Tocar el total de la obra: 24 preludios.

La magia de estos preludios está en la capacidad del compositor para atrapar el interés del estudiante de guitarra a través de estrategias didácticas: Posiciones repetidas, sonoridades envolventes.

Conforme avanzan los estudios avanza el grado de dificultad. Por eso, por ser un reto, al verdadero apasionado por la música lo invita a continuar y continuar.

Todos los seres humanos –tarde que temprano- vivimos problemas en esta experiencia llamada vida. En todo, como decía un importante pensador de la historia, La Voluntad se convierte en el motor principal de los actos.

Tú yo, unidos por La Voluntad, saldremos adelante.

(…)

Invito a escuchar a dos niñ@s genios, guitarristas corean@s. El primero es Li Jie, artista de trece años que logra solventar sin problema aparente los escollos técnicos y musicales de Koyunbaba. La segunda es Julia Trintschuk, de ¡Tres años!, que en el link https://www.youtube.com/watch?v=QlJv0dHNBE4, interpreta Un día de noviembre de Leo Brouwer.

Felicidades al pueblo coreano, que ha encontrado en el arte el sentido de la vida. Con un saludo sonoro me despido de ti, apreciado lector, esperando reencontrarte en quince.

 

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