Music Club

Aventuras sonoras

A mediados de los años sesenta –el rock en todo su esplendor-, los músicos experimentales: Boulez, Bério, Ligeti, Nono, Penderecky, creaban un nuevo lenguaje, una música de la estratósfera, mezcla de drama e ironía, que calaba hondo en los oídos de quienes se aventuraban en las propuestas innovadoras de los universos sonoros.

Entre todos, fue Pierre Boulez (Montbrison, Francia, 26 de marzo de 1925) el promotor más activo de la música contemporánea. Director de Orquesta y heredero de la técnica compositiva de su maestro, Oliver Messian (Aviñón, 10 de diciembre de 1908 - Clichy, Île-de-France, 27 de abril de 1992)  –quien compusiera el Cuarteto para el fin de los tiempos como prisionero de guerra de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial-, Boulez expresó sin tapujos su filia hacia los músicos lunáticos de la generación sesentera, antes que a los minimalistas, a quienes consideró ligeros compositores de una música sin importancia –la misma apreciación la tuvieron los minimalistas hacia Boulez-.

Uno se sorprende al acercarse a la música de Boulez. Recuerdo la última vez que presentaron una de sus obras. Un oratorio. En los xilófonos, un ritualístico gregoriano hacía eco de los cantos deconstruidos de los pájaros. Un coro de monjes en un centro comercial. Cantos litúrgicos entonados desde las escaleras eléctricas y los elevadores. Sonidos de la apoteosis. La música de Boulez, desde su fina ironía, nos sitúa de frente a los símbolos del marketing y los valores estéticos de nuestra época.

A György Ligeti (Dicsoszentmárton, Rumania, 28 de mayo de 1923 - Viena, 12 de junio de 2006) hay que ligarlo a la figura de Stanley Kubrick y tres obras maestras de su filmografía, en las que utilizó su música: 2001: Una Odisea del Espacio, El Resplandor y Eyes WideShut. El compositor es una referencia obligada para la música contemporánea. Para él, los instrumentos eran máquinas sonoras, tanto como los intérpretes.

Decidí revisitar a Ligeti, y encontré Aventuras, un cd que integra obras anormales: Aventuras (1962-63), Nuevas Aventuras (1962-63) –dirigidas por Pierre Boulez-, y Misterios de lo macabro (1987). De alguna manera, las sonoridades de Ligeti me evocan escenas cinematográficas, en el tono de las películas de David Lynch.

Ligeti nos deja la sensación de haber escuchado una obra de arte que no alcanzamos a descodificar. Con su sarcasmo, reímos nerviosamente. Luego nos sumergimos en los mares de la incertidumbre. La música, con su azar, nos sobresalta y sorprende.

Debes escuchar Aventuras, pero también cualquier material que te conduzca a lo imprevisto. Por ejemplo Rara, de Leo Brouwer.

Concluyo con la escena de cuatro hombres: un clarinetista, un violinista, un cellista –sin una cuerda el instrumento-, y un pianista –el piano desafinado-, haciendo música para los soldados alemanes y los prisioneros de guerra, invadiendo los agujeros negros del encierro con las sonoridades del arte: Cuarteto para el fin de los tiempos de Oliver Messiaen, inmortal en el Music Club. Un abrazo.

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