AL PIE DE LA LETRA

Inseguridad, la grave falla de ERP

La inseguridad pública en cualquiera de sus aspectos es el principal y más grave problema que detectaron los ciudadanos al valorar los tres años de gestión de Eduardo Rivera Pérez como alcalde del municipio capitalino del estado de Puebla.
Esto es lo que nos demuestra la Encuesta de Evaluación de 3 Años de Gobierno Municipal en Puebla realizada en pasados días a una muestra representativa de habitantes de dicha zona geográfica.
La medición demoscópica se realizó con la metodología acostumbrada y hoy comparto con los lectores de Milenio las principales conclusiones.
Aunque Eduardo Rivera no tiene calificaciones pésimas y obtiene una aprobación que supera a la desaprobación de su gestión por parte de la ciudadanía, es evidente que la inseguridad no pudo ser resuelta por su gobierno y la gente así lo capta.
La calificación de 7.11 (del 0 al 10) a su gestión y la aprobación social del 56 por ciento –no malas para un gobernante en cualquier sitio– se deben en mucho a la obra pública que realizó el gobierno del estado en la capital. Hay que observar las motivaciones de los ciudadanos al dar su opinión de aprobación y desaprobación y la mayoría de menciones de obras públicas... son las realizadas por el gobierno de Rafael Moreno Valle.
Para la mayoría de la población el gobierno de Eduardo Rivera ha cumplido con sus expectativas, aunque al igual que para el gobierno de Moreno Valle, existe siempre casi una tercera parte que no los aprueba.
Una falla notable del gobierno municipal de Eduardo Rivera fue su comunicación social: al día de hoy, más del 40 por ciento de la población NO sabe el nombre del alcalde y la mayoría de los poblanos no ubica una obra específica realizada por la gestión de Eduardo Rivera.
Termina, pues, un gobierno municipal que tuvo, para bien o para mal a su lado, a un gobernador que sabe que realizando sus principales obras en la capital del estado, captura más adeptos a sus intereses electorales, beneficiando así al ayuntamiento en funciones... pero también opacándolo, al grado de que la gente hoy no termina por ubicar realmente ni siquiera el nombre del alcalde.