Tiempo vivido

Hasta las últimas consecuencias…

Cuando hay necesidad de reiterar en cuanto foro lo permita, que las acciones se llevarán hasta las últimas consecuencias, especialmente referidas a efectos de la ley, implícitamente se acepta que en la mayoría de las ocasiones, dichas consecuencias de la justicia topan, se desvían, se omiten o de plano se incumplen. Así es la experiencia generalizada ante grandes o pequeños hechos que han trastornado el sentir popular, en grado tal que han obligado a las autoridades a declarar contundentemente, por ejemplo, ante los crímenes de los últimos lustros que han ido quedando sin castigo, apostándole al olvido y al desgaste de los afectados. Por eso hoy en día, cuando en México retumban y replican los medios y los remedios eso de las últimas consecuencias, se escapa la expresión en bien orquestado tono: ¡este asunto ya valió!No citaremos los hechos de extrema violencia porque están en carne viva de la ciudadanía; la intención de traerlo a colación es otra. Partamos de la siguiente cuestión: ¿por qué siendo todos esos hechos, actos de lesa humanidad, de flagrantes violaciones a la Constitución mexicana, a los derechos humanos, al  Estado de Derecho -también desgastado slogan-, no fueron de interés internacional? Si acaso, algunas noticias en segundo plano en la prensa extranjera, u objeto de mesas de análisis televisivas o radiofónicas nacionales, o amarillistas quejas editadas de víctimas o parientes de los sacrificados, y párele de contar.La gravedad es la misma, se haya perpetrado el crimen contra un individuo o contra veinte o más; campesinos, estudiantes o vecinos de un pueblo o barrio. No descarto el control gubernamental nuestro y la colusión de los otros, si se sabía que se estaba cocinando la apertura a la inversión. Cualquier interferencia podría echar a perder el caldo. Pero hoy, ante el grave asunto de los normalistas y las movilizaciones estudiantiles de la educación superior politécnica y universitaria, la comunidad mundial se torna atenta y exige e incita a otros países a que se solidaricen con las víctimas y se haga justicia. La explicación no es compleja, hay en juego ya intereses de los poderosos ultras nacionales y propios, arrebatándose nuestras riquezas. Es oportuno por tanto, invertir no sólo en negocios, sino en influencias, en fuerzas que debiliten el tablero del gobierno aprovechando el descontento general al que sólo le faltaba una chispa, y así, como otras ocasiones ha sucedido en nuestro país, queden únicamente peones, a quienes imponer condiciones para el saqueo. La chamaqueada que la globalización, ha concretado está a la vista, atengámonos entonces, compatriotas, a las últimas consecuencias. 


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