Tiempo vivido

Las trampas de la creatividad

Sin duda el arte es la más enigmática de las invenciones humanas. Converge aquí la intuición, la recepción y la creación estética privativa del hombre en la que patentiza la necesidad de formar y reformar entornos, cosas, imágenes, resonancias con la intención de producir objetos artísticos. Así, en diferentes contextos histórico-sociales; en todas las culturas y civilizaciones ha dejado constancia de su praxis artística, en el estricto sentido marxista de transformar la organización social, ampliando la sentencia de Engels respecto la tarea de la filosofía de ya no interpretar el mundo, sino de transformarlo. Idea fundamental que está en la base del diseño de las políticas públicas actuales con relación a la cultura, la cual ha ampliado su concepto nutriéndose de la propuesta de la sociología y la antropología a partir de Lévi-Strauss y Clifford Geertz  y abandonando la visión del siglo XVIII cuando se generó la costumbre de calificar de bellas a las artes, para separarlas de los oficios; en tanto, Kant, Schiller y Baumgarten, entre otros, consolidaban a la estética como una disciplina autónoma cuyo objeto de estudio era la praxis artística. Vieja aspiración cuyo antecedente, la Hélade, en el siglo V a.d.n.e.,  instrumentó la independencia de la expresión artística de su carácter utilitario, escindiéndola de la economía, la religión y la política, dando oportunidad a la belleza y el placer estético de consolidarse como actividad suficiente por sí misma.Había pasado la época de los mecenas y como hoy, escasearon fondos para patrocinar la creación artística de unos cuantos para el deleite y a petición de un estrato de la sociedad. Así que paralelamente a la discusión filosófica de lo que era el arte, la estética, la creatividad y la innovación, y a consecuencia de ella, el Estado ilustrado fue asumiendo función propia, frente a la función del arte, modificando sin embargo, su finalidad y definiendo estrategias y políticas que hoy entran en conflicto con sectores que se han quedado en el pasado.Estragos ha causado aferrarse a la noción de la cultura como si ésta se redujera a las artes y más a las bellas artes, asunto agravado al declararse como derecho el acceso a la cultura en su amplia acepción, porque al ser universal rompe con todo privilegio. Al ser escaso el presupuesto el Estado equilibra su uso y al mismo tiempo privilegia a los más, tanto en número como en calidad. De esta manera por selección de evidencias contundentes de praxis artística han de competir  a través de becas, premios o concursos. Así la excelsitud individual o colectiva ha de imperar como regla del destino y gasto del presupuesto cultural. 


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