Tiempo vivido

Una sensible historia

El 7 de agosto, se cumplirán 68 años de la escritura de una muy especial petición al entonces Secretario de la Defensa Nacional, General de División Gilberto R. Limón. La misiva se escribió en la calle de Ildefonso Fuentes 109, departamento 3, de esta ciudad de Torreón.

Ese año, un mes y una semana después de la redacción que nos ocupa, se cumplirían 100 años de la Batalla del Castillo de Chapultepec en la cual los cadetes del Colegio se sumaron a la defensa de la Patria en el último fortín, simbólico y real, del ejército mexicano, antes de que ondeara la bandera estadounidense en el asta del Palacio Nacional, señal de vencedores de la injusta guerra.

El contenido de la epístola ponía sobre la mesa un caso más en los cuales los gobernantes de la Patria heredada, habían omitido algún acto de justicia; algo que conozco porque mi  abuela lo sufrió como resultado de la Revolución  Mexicana. Volviendo al caso, Manuela Escutia de Orvañanos, de 63 años de vida, viuda, sin hijos, expresó al Secretario Limón, que sabiendo de la gran celebración, a la cual asistirían los parientes de los Héroes de Chapultepec, que Juan Escutia fue su tío abuelo.

Explicó que su bisabuelo José Antonio Escutia, quien había vivido en Tepic, Nayarit, había tenido varios hijos, entre ellos tres varones, Antonio, Francisco y Juan, el menor. Francisco, abuelo de Manuela, tuvo a la vez tres hijos: Manuel quien murió niño, Francisco que fue el padre de Manuela, y José María quien también falleció joven.

Continúa Manuela describiendo su situación: enferma y sin recursos que le hacía vivir con grandes carencias;  explicando que el importante acontecimiento le había hecho pensar que el Gobierno de la República: “para honrar con más amplitud y con un sentido eminentemente humano la memoria de mi tío abuelo, se me asignara, durante los años que me quedan de vida, que no deben ser muchos, una pensión, una humilde pensión que sirva para vivir con menores angustias económicas”.

Agrega que en Tepic, podrían confirmar la veracidad de lo expresado y que en ese momento de los parientes de Juan Escutia, (quien se lanzó al vacío envuelto en el lábaro patrio)  sólo quedaban la hermana de Manuela, Concepción Escutia, también viuda, con tres hijos en el ejército, y Dolores Escutia, su prima hermana, igualmente viuda de Lanzagorta. 

¿Qué pasó? no lo sabemos; quedó ahí  la esperanza, como la de tantos viejos de ayer y más de ahora, que no tienen cabida en proyectos verdaderamente efectivos de las instituciones públicas para vivir con dignidad sus últimos días. 


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