Tiempo vivido

¿Y la revolución?

Este 2017, será un año saturado de complicaciones, donde se polarizará más la población mexicana acicateada de las políticas económicas cada vez más lejanas de aquellos ideales que poco a poco fueron integrándose como promesas de bienestar social para la nación, sobre todo después de iniciada la Revolución Constitucionalista que culminó con la nueva Constitución de 1917 donde se elevaron a rango constitucional los artículos 3º, 27 y 123 y los demás que complementan la esencia reivindicatoria de éstos a favor de las clases populares, analfabetas y miserables al momento, al no haberse logrado consolidar la constitución de 1857 merced a la obra de Díaz quien fue el primer presidente que prometió el progreso nuestro a cambio de entregar las riquezas nacionales a los intereses extranjeros.

La celebración de aquella constitución será la número cien, simple recordatorio de lo que ofreció para un pueblo que a la fecha no ve cumplido ninguno de sus objetivos y los que iban apuntando a las reivindicaciones, ahora ya trastocados hasta perder la esencia prometida. La pregunta es ¿con qué cara y con cuáles resultados el gobierno actual podrá vestir de fiesta esa rememoración? Todo sonará a demagogia cuando en ese proceso de derechización que va en camino de afianzamiento lance al rostro de los millones de miserables su certeza de no esperar nada bueno sino más pobreza y marginación mientras una pequeña élite sigue enriqueciéndose y entregando las riquezas a los inversionistas extranjeros.

En ese sentido podemos decir que la educación ha fracasado y no porque califiquemos mal en los estándares internacionales, sino porque produjimos generaciones que viven como logros las reiteradas traiciones a la patria y nos dan ejemplo contundente de servilismo y del olvido de su función social al servicio de las mayorías a la que están obligados desde sus curules de diputados y senadores.

Es impredecible qué rumbo tomará el hartazgo ciudadano, el enojo acumulado por el pragmatismo calculadamente pactado pensando en el beneficio particular de la clase política; el conformismo empieza a desgastarse y poco a poco surgirán los nuevos liderazgos que puedan limpiar la podredumbre que hoy vivimos; dónde estará el nuevo Juárez, Madero, Carranza, Cárdenas o López Mateos, nos urge su surgimiento. ¿El pueblo entero? Ojalá. ¡Decidámonos!


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