Tiempo vivido

¿Por qué no somos pueblo de marinos?

Mañana será la septuagésima tercera conmemoración del Día de la Marina, cumpliéndose el Acuerdo del 11 de abril de 1942, firmado por Manuel Ávila Camacho.

Se enaltece la fecha del 1 de junio de 1917, cuando la Capitanía de Puerto de Veracruz, dependiente de la Comandancia General de Marina, se negó a despachar embarcación alguna que no cumpliera con la ley promulgada en febrero de ese año, procediendo a designar capitanes, pilotos y maquinistas entre el personal mexicano.

Así, el 3 de junio zarpó del puerto de Veracruz con rumbo  al puerto de Progreso, Yucatán, el vapor mercante mexicano, “Tabasco”, tripulándolo por primera vez en la historia, exclusivamente mexicanos de nacimiento, tal como prescribía el Artículo 32 Constitucional.

También se homenajeó en la fecha, a las tripulaciones de los buques tanques mexicanos Potrero del Llano y Faja de Oro torpedeados y hundidos por submarinos alemanes, a los cuales siguieron los buques tanque: Tuxpan, Las Choapas, Amatlán y el Oaxaca, atacados y hundidos entre junio y julio de 1942, obligándonos a participar en la 2a Guerra Mundial.

Deteniéndonos sobre los hechos, vale cuestionar por qué hasta estas fechas los mexicanos se vuelven protagonistas en temas de la marina mercante y militar, sobre todo si consideramos que tenemos 11 122 km de litoral continental y una extensión marítima de 2’946,825 kilómetros cuadrados, de los cuales 2’715,012 pertenecen a la zona económica exclusiva, mientras que el mar territorial, comprende un área de 231,813 kilómetros cuadrados.

Casi tres veces la superficie continental,  una riqueza históricamente desperdiciada.Los amerindios no fueron navegantes sino en bajísima escala, costeando en endebles canoas, haciendo contactos cuyos registros son borrosos para la historia.

En el interior, apenas de juncos como en Suramérica o de piel con armazón de varas en Norteamérica, lo más sobresaliente. Fueron las aguas del Caribe y del Golfo México las primeras surcadas por embarcaciones europeas en octubre de 1492, (sin contar los dragones vikingos) dos carabelas redondas –La Niña y La Pinta- y una carraca, la Santa María.

Durante 300 años mantuvieron los españoles control estricto sobre la utilidad y manejo de la marina mercante, pesquera y militar, impidiendo participación criolla y mestiza, deteniendo su desarrollo.

Castración que duró un siglo luego de la independencia, con tales repercusiones que aún hoy, pese a la intención constitucional del 17, seguimos renunciando a su riqueza y entregando la del subsuelo marino. 


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