Tiempo vivido

La paternidad en tiempos de crisis

Hoy los hijos agradecidos y sinceros, como los convenencieros, se sumarán a la celebración del Día del Padre; fecha de origen altruista que se ha ido consolidando para bien de los mercaderes. Será la ocasión para recordar anécdotas, esas que se reciclan en las reuniones familiares, con pasajes que significarán las bondades paternas, tal y como en mayo aconteció con las madres mexicanas. Si son varios los hermanos, irán aportando su  experiencia con el padre, mientras los otros tratarán de conciliar sus respectivas visiones, y no faltará alguno que piense que esa película no le tocó vivirla. Y es que cada cual guarda recuerdos según le fue en la fiesta, recuperando también algunas vivencias contenidas con tapadera de emergencia para no dar la nota discordante en la reunión y se inicie así la danza de los trapitos al sol.Por supuesto lo anterior es escena imaginada en las familias bien formadas, incluso en las teñidas de rosa mexicano, que dicho sea de paso, cada vez son más  raras de encontrar fuera de las telenovelas e historias de apariencias de ciertos círculos sociales. De cualquier forma el padre, sea biológico o afectivo o ambas cosas, pero sobre todo en su rol amoroso, cada vez más, es objeto de estudio desde que Freud lo dibujó como parte importante de las relaciones objetales que según se configuren, dejarán en los hijos huellas profundas, la mayoría inconscientes y que son la raíz de esa molestia interna no comprendida que entra en juego en situaciones especiales, aportando zonas desconocidas de nosotros mismos. Como padre, no hay quien escape de tener cosas buenas y negativas, en ello tiene injerencia la relación con su propio padre, así como su capacidad de afecto y la competencia para demostrarlo. De esta forma, aunque llegue a estar ausente, los hijos internalizan la figura paterna que H. Kohut denomina en su valiosa teoría psicoanalítica, el polo de las realizaciones, ayudado por lo que la madre contribuye, a su mantenimiento. Por ello habrá estupendos padres, incluso mejores para “maternar” que la madre; asunto descubierto por las circunstancias familiares que hoy exigen trabajen ambos padres, compartan tareas o se queden al cuidado de sus hijos por viudez, divorcio o abandono.Tema complejo, si referimos, en otro plano, el conflicto de ser o no un padre triunfador frente al referente social que así lo pregona y vivir en México, donde no se ofrecen las oportunidades educativas y laborales para realizarse. Es común en las últimas tres generaciones, el sentimiento de fracaso que puede mediar la relación padre-hijo,  enrareciendo la funcionalidad familiar. Pero por hoy disfruten o lloren, mañana será otro día normal.  


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