Tiempo vivido

Las municipalidades laguneras y su balance expectante

Entre los individuos, como entre los pueblos, el espejo del camino andado es urgente silogismo. El mejor aprovechamiento de tan puntual ejercicio, es, aunque parezca extraño, sacudirse cualquier neurótico comportamiento que impida trazar horizontes de renovada visión. Recapitular el pasado no nos hace eruditos si como resultado se recitan los hechos sin construir significados a la luz del presente y del futuro. El valor del recuento fortifica la identidad y la pertenencia; sustenta la esperanza de andar mejor el camino, evitando desbarrancarse sin retorno. El balance inexcusable, hace conscientes las deficiencias y las disfuncionalidades; alerta sobre los vínculos débiles, pero también devela los que sostienen el presente perfectible, especialmente necesarios para las nuevas generaciones, las cuales deberán endurecer su actitud instituyente, o arriesgar irremediablemente la razón de su existencia.
En la coyuntura de las conmemoraciones centenarias de los momentos claves de la Revolución Mexicana, cobra especial importancia, en tanto factible ingesta multi vitamínica para la anoréxica conformación histórica de nuestras juventudes regionales, la edición de Coahuila a través de sus Municipios, convenida entre el Gobierno del Estado y el corporativo Milenio. El planteamiento monográfico de los 38 municipios, reconstruye el devenir de nuestra entidad estatal y ofrece por primera vez en nuestra historiografía, la posibilidad de estudiar en una sola obra, el desarrollo comparado de las regiones de Coahuila, aportando de manera integral y precisa, elementos para explicar cómo se integra el panorama presente que condiciona nuestra vida cotidiana.
Desde luego, para la  Región Lagunera de Coahuila, la escritura de la historia de las municipalidades de Viesca, Matamoros, San Pedro, Torreón y Francisco I. Madero, las dos primeras a cargo de mi compañero del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, Gildardo Contreras; de un servidor; de Isabel Saldaña y Gumaro Tonche, respectivamente, explica, por ejemplo, cómo esta región, salvo Viesca, que fue el distrito padre, contiene los municipios jóvenes de Coahuila, el último con apenas 78 años. Comparte  elementos primitivos comunes, como haber sido parte de la Nueva Vizcaya, e igualmente el fenómeno migratorio único en la entidad, que da por resultado la diversa riqueza etnográfica y cultural, que al caldo del desierto acrisola y prefigura la identidad lagunera, -aún en construcción-, claramente diferenciada del rico, interesante y portentoso mosaico sociocultural coahuilense. ¡Obra ésta, trascendente!


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