Tiempo vivido

Las mínimas de Efraín Huerta

El poemínimo es, según explicación de Efraín Huerta, un mundo en sí, en el cual advertía a veces descubrir una galaxia, donde los años luz no contaban sino como referencia. “Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de una camisa de fuerza… La cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera –y ya se te hizo”.  

Hay ingenio destilado de Huerta en uno de esos poemínimos, que en lo particular me gusta mucho, no sólo porque cumple cabalmente lo que él mismo define para su género, sino que pudo su genio reunir esencias del pensamiento de dos personajes - Benito  Juárez  y Sigmund Freud- totalmente disímbolos en actividad, diacrónicos también, pero ejemplares como para construir una mínima que se hace máxima por el sentido profundo que se puede derivar de la expresión poemínima.

Freud nació el 6 mayo de 1856, cuando Juárez y los reformadores estaban en plena tarea de construir la Constitución de 1857.

Es posible que haya sabido de Juárez si en sus clases de historia austriaca hubiera estudiado la aventura de Maximiliano, no lo sé en realidad; lo que sí sabemos es que con sus trabajos Psicología de las masas y análisis del yo y Más allá del principio del placer, las instancias del yo centralizaron el interés de la investigación científica a través del psicoanálisis y en los mecanismos defensivos que el yo utiliza para solucionar conflictos, que surgen entre las exigencias instintivas y la necesidad de adaptarse al mundo de la realidad; medio de adquirir conocimiento de las tres instancias constitutivas de la personalidad psíquica: el ello, el yo y el superyó sus relaciones entre sí y con el mundo externo, para, según expresó Freud, ayudar a que la persona se haga responsable de su propia vida y en que pueda guiarla por el camino deseado propio, respetando el camino de los demás.

Es decir, con estructuras mentales libre de psicosis, perversiones o neurosis.Juárez como bien sabemos nuestro máximo paladín del estado de derecho, construyó el referente social jurídico en el que habrían de reflejarse con éxito personalidades bien estructuradas capaces de relacionarse sin conflictos recurrentes en el mundo social. Pero hoy más que nunca, según estudios mundiales, nos topamos con personas que deambulan con el mal del siglo a cuestas, es decir, con trastornos neuróticos, u otros mayores; encuentros fortuitos o forzosos que exigen nuestra tolerancia y la aplicación puntual del excelente poemínimo de Huerta: El respeto al complejo ajeno, es la paz


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