Tiempo vivido

¿Y los mariguanos?

No es para reírse, pero en estos tiempos del imperio de la comunicación masiva y de madurez de la sociedad para abordar temas que mantenían atadas a las esencias de la modernidad del siglo XXI, es de reconocer la aportación que los vocablos actualizados en significado han tenido en esta transformación vertiginosa: de la contradicción legal, a la libertad de expresión de la doble moral, como algo razonable, admisible, y justificada hoy en día en el derecho humano a la diversión y el esparcimiento, aunque vaya en contra de la salud física y mental de los individuos y de sus grupos.

Es decir; la superación genuina del libre albedrío por lo que pudiéramos llamar el neo instinto, engendro de la globalización: todo lo vendible es negocio; mucho más, si inventamos la correcta explicación de que no hay nada que se escape a esa cualidad y dé satisfacción directa y proporcional a la ganancia y al capital.

En este proceso de civilización, como diría Norbert Elias, los controles externos pierden sentido cuando la regla se ha internalizado y se naturaliza bajo un autocontrol, incluso inconsciente.

Cualquier indicio de perturbación al imperativo social, digamos, por obsoleto o inconveniente al ejercicio de la ley, o de los intereses económicos, es neutralizada mediante nueva concepción que se aleja de las expresiones descarnadas de antaño; digamos, se civiliza para mantener su vigencia o pretexto.

Por ejemplo, no hace mucho al hombre afecto de empinar el codo cotidiana y abundantemente, se le decía “borracho empedernido” independientemente de su posición socioeconómica; luego la ciencia bautizó como alcoholismo al vicio y lo catalogó como una enfermedad.

Resultó que el término borracho quedó aplicado a las clases bajas y a las altas, el segundo. Cuando les cayó el veinte que eran, por sus causas y efectos, sinónimos, pues se acuñó otro menos áspero y los de alcurnia resultaron bebedores sociales, ocasionales, secos o empapados.

Así también, los que fumaban cannabis, eran simplemente mariguanos, generalmente también pobres, porque los ricos consumían coca.

Las etiologías de su adicción fueron objeto de científica taxonomía con su correspondiente terapéutica; leyes y sanciones.

Mas se les ocurrió aducir maravillosa gnosis: el juego, la diversión, es decir; justificar su consumo por el sano efecto, y como colinda tal propósito con algún derecho humano, pues es admitido su uso, pero claro ¡es sólo maná para los marigualúdicos! 


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