Tiempo vivido

El magisterio ante la dictadura neoliberal

La ineficiencia del Estado Mexicano, exhibe con descaro el gran negocio que significa para los gobiernos, administrar los bienes de la nación. Las frases acuñadas al respecto son ilustrativas: Subirse al carro de la Revolución, refería la suerte de incorporarse a la burocracia pública federal, en primera instancia, pero igual valía para las estatales y las municipales, pese a que el centralismo los mantuvo muchos años con presupuestos miserables, que mejoraban según fuera la sumisión al presidente, gobernador, o  la amistad de algún diputado o senador poderoso, o Secretario de Estado. Sacarse la lotería, consistía en hacerse cargo de alguna paraestatal, verdaderas fábricas de millonarios y grandes empresas de tráfico de influencias y de negocios con los proveedores.
Aunque no lo crea, hubo tiempo en que la competencia por el empleo en el ISSSTE e IMSS alentaba a los médicos. Igual pasaba con los ingenieros agrónomos, electricistas, petroleros, etcétera; técnicos y personal diverso protegidos  por los Sindicatos alineados al gobierno a través de la FSTSE. Ninguno de ellos vivía en el error, porque formaban parte de las nóminas que aseguraban salarios y otras prestaciones, algunas verdaderos abusos, especialmente en las empresas paraestatales estratégicas. Las motivaciones laborales se aderezaban con los aceites ideológicos del discurso de las reivindicaciones  de la Revolución Mexicana y de un esfuerzo común y entrega al servicio de la Patria en pro del México de pronta bonanza para todos, en un marco de justicia y equidad.
Pero nadie vivió peor el engaño que los maestros del SNTE; los principales difusores de la ideología post revolucionaria, han sido los menos beneficiados de las promesas que implicaba; especialmente cuando les supeditaron su mejoría laboral a programas de superación profesional asociados a mecanismos diferenciadores de los salarios, que violan las prescripciones Constitucionales. Igual que para los otros sindicatos, las míseras mejoras, convenidas por sus líderes, nunca han ido al sueldo base, sino a guiones o conceptos que no repercuten, a la hora de pagar los aguinaldos, las pensiones y jubilaciones. El Estado mexicano en lugar de perseguir a los ladrones y destinar lo susceptible de ser robado a infraestructura o a mejorar los ingresos de sus trabajadores; ha hecho parecer que ha mejorado los salarios subsidiando parte de las retenciones fiscales. Ahora que, en teoría, Pemex y CFE, dejarán de ser la caja chica del gobierno, es urgente cubrir lo que les significan para Hacienda y el PIB. Como el SNTE, comprobó ser el más dócil de los sindicatos,  le han clavado ya, el fatal puñal.


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