Tiempo vivido

El gran Acuña

Resulta interesante observar ciertas coincidencias en fechas sucedidas entre personas destacadas, por ejemplo en el mundo de la literatura, como aconteció con el deceso de las máximas figuras de la literatura inglesa y española William Shakespeare y Miguel de Cervantes respectivamente quienes murieron el mismo mes y año, y tan solo con horas de diferencia, Cervantes el 22 de abril de 1616 y Shakespeare el día 23, por cierto igual día en que nació pero del año de 1564. Otro caso es el de los poetas mexicanos Amado Nervo, nacido en Tepic el 27 de agosto de 1870 y Manuel Acuña también nacido un 27 de agosto, en Saltillo  pero del año de 1849, muriendo por suicidio el 6 de diciembre de 1873, cuando Nervo tenía tan sólo 3 años de edad.

Acuña, como sabemos es el máximo exponente coahuilense en la poesía, razón por la cual el Gobierno de Coahuila ha instituido un premio anual, con una importante suma de por medio, siendo de las más altas en este tipo de premiación en el mundo, motivando cada vez un mayor número de poetas a buscar el distinguido galardón. Es una forma de informar al mundo de la existencia de nuestro poeta

Acuña está presente entre los amantes de la poesía principalmente por los versos dedicados a Rosario de la Peña: A Rosario  de quien seguro estuvo enamorado y mal correspondido ya que Rosario entregó su corazón a Manuel M. Flores, miembro del grupo de poetas que ofrendaron  poesías a Rosario, y por Ante un cadáver, reflexión filosófica de la cual Menéndez Pelayo dijera que era un “caudal de inmortales armonías”; mas tuvo una importante producción  de poesías, teatro, artículos y cartas, la mayoría recogida en la edición Obras publicada por Editorial Porrúa, en 1949, como parte de la Colección de Escritores Mexicanos, con el prólogo de José Luis Martínez, quien con objetividad revisa la madurez alcanzada por el poeta si pensamos que inició a escribir y ser conocido a los 19 años, hasta los 24 en que se suicidó con cianuro, siendo alumno de 4º grado de Medicina, pero sin duda reconociendo su calidad y potencial que si hubiera vivido más años, hubiera sido un portento de la poesía. No obstante, así pudiera reconocerse como el poeta de los ideales de la Reforma por su condenación al fanatismo y la exaltación del progreso y de las luces de la razón, su fe en la ciencia para sustituir la conciencia proclive al culto a un Dios. 


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