Tiempo vivido

El futuro de las Escuelas Normales

Las escuelas normales fueron desde mediados del siglo XIX, y por espacio de 150 años, el pilar de la educación en México; soporte indiscutible para la integración de la enseñanza secundaria, preparatoria, y desde luego de la universitaria; sus egresados llegaron a la montaña, al desierto, a las zonas rurales a sembrar, con muchas carencias, aún hoy, la simiente que con los años cambió el rostro de México. Su labor se reconoció con el grado de apostolado, y para que no abandonara esa calidad y carácter, jamás hubo acciones contundentes que mejoraran sus ingresos, mostrándose así el verdadero sentir del gobierno y la sociedad, quienes devaluaron su quehacer y le condenaron  a precaria calidad de vida, con las actuales consecuencias.
Cuando hubo la oportunidad, viejos luchadores, normalistas de avanzada, lograron llegar a esferas de decisión;  promovieron que las Normales dejaran su especial nivel de formación y tuvieran rango de instituciones de educación superior. Sin embargo, en los treinta años transcurridos de ese momento a la fecha, las Normales no pudieron lograr la pertinencia al rango que se les había otorgado. Muchos factores contribuyeron: el tutelaje paralizante de la SEP; la corrupción sindical que propició la heredad de las plazas a los hijos de los profesores, tuvieran o no perfil y calidad para la encomienda; la simulación de la evaluación que llega a la certificación de una “calidad consensada” de la institución; la no apertura de nuevos programas de formación a pesar de la necesidad de profesionales que atiendan la complejidad de la tarea educativa en la nación.  A ello habría que agregar nuevos problemas que condicionan su sustentabilidad: la baja en la demanda de la educación básica por cuestiones del comportamiento demográfico de la población, y la falta de pericia de los planeadores normalistas para mover sus programas de acuerdo a estos comportamientos demográficos y de demanda educativa, y se mantuvieron formando profesores sólo para la tradición de la educación básica. Estos dos factores ahora amenazan su existencia; según se desprende de la cuestionada Reforma Educativa, en cuya base la SEP ha dicho que los maestros se contratarán, en dos años, sin compromiso con los egresados de las Normales. Se pierde así la razón de su existencia y anuncia por tanto, su desaparición.
Una estrategia urgente para mantenerse en el panorama de la formación profesional, sería adoptar finalmente la organización universitaria y proponer un quehacer congruente y pertinente a ese modelo; así como  trazar cómo elevar los perfiles de su planta docente, para atender demandas de calidad universitaria, para empezar.


   r_esparzac@yahoo.com.mx