Tiempo vivido

Las fiestas perdidas

Resulta interesante cuando durante el ciclo de vida se es testigo de acontecimientos que inician tradiciones sociales que proporcionan núcleos de identidad a sectores de una sociedad, o a regiones enteras.

Igualmente cuando por nuevas circunstancias, aquello que perecía sempiterno va quedando en el olvido porque para las nuevas generaciones no aporta significados ni sentido alguno, dejando inclusive sin la comprensión necesaria a los factores que indujeron o inducen a la desaparición de los elementos de identificación histórica que otrora hacían mella en la conciencia social de nuestra comunidad.

Quizá esté ya en el baúl de los recuerdos aquel ambiente de fiesta que vivía La Laguna a partir del 6 de octubre de cada año, cuando los preparativos de muchos meses que ocupaban a los comités ejidales, hacían explosión en el festejo de la fecha memorable con el propósito de que inundara o reverberara, si fuera posible, en el ámbito nacional.

Las visitas de personas de gran relevancia nacional, la mayor de ellas, la del ex-presidente Lázaro Cárdenas y en su ausencia real, la de su Señora esposa, era noticia que no desaprovechaba la prensa local y los noticieros nacionales.

Y en cada ejido, ceremonias, reconocimiento de los que con el tiempo formaron la legión de Primordiales; comidas, bailes, para dejar bien claro que se celebraba uno de los grandes triunfos de la Revolución Mexicana: el reparto agrario.

En otras casas, el rencor fermentado, la maldición contenida, el alma herida de los terratenientes o sus descendientes a quienes la expropiación de tierras laceró su riqueza y su privilegio.Hoy las cosas han vuelto al viejo cauce pre-revolucionario, lo nuevos terratenientes han ganado la batalla que franqueó Salinas con la reforma al Artículo 27 Constitucional en 1992.

Los ejidos pujantes fueron ya engullidos por la mancha urbana y los pocos que sobreviven, aguantan el embate de coyotes y lobos de recién nomenclatura, cada vez más empobrecidos y vistiendo harapos de aquella historia de vitalidad.

A 79 años del inicio del reparto agrario en La Laguna, las teas que antaño daban luz a los festejos, apenas figuraron luces de bengala; resistencias diluidas, ignorados por autoridades a fuerza de la conveniencia, para no quedar mal con los nuevos propietarios, o no arriesgar prender nuevas mechas nutridas de injusticia y olvido en el paupérrimo campo mexicano.

La arrolladora clase campesina, ha quedado desecha en el camino de la globalización.

¡Sobreviva México, señores! 



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