Tiempo vivido

El factor ethicus como urgencia nacional

Dejarían boquiabierto a Álvaro Obregón los cañonazos millonarios con que se premia, -vía las coordinaciones de los partidos-, la docilidad y disciplina de diputados y senadores, además de la permisividad que los otros poderes tienen con el legislativo para la autogestión y aprobación de vergonzosas prestaciones igualmente millonarias, que no sólo muestra el contubernio que echa por tierra la tesis del contrapeso y razón de la división de poderes, sino la galopante putrefacción que terminará por hacer realidad la rebelión de las masas e igual la de los hasta ahora vencidos del siglo XXI.Uso sí, expresiones de Ortega y Gasset y León Portilla, para prever la irremediable explosión social y para conectarlas con un fragmento de Juan José Arreola: Me horroriza tanto progreso… el hombre ha combinado los elementos hasta llegar a los mejores análisis y síntesis. Pero sólo importa el progreso ético. La gente ahora se enriquece a costa de la pobreza espiritual en medio del apogeo de ciencias y técnicas… (La Palabra Educación. SEP, 1973). La corrupción es un mal de la humanidad, pero algo debió ayudar en su combate cuando la ética era materia de estudio en escuelas y universidades y práctica familiar. Su abandono ha hecho más corrosivas las ambiciones, al grado del festejo burlón y descarado.Urge una zambullida al punto de asfixia a los representantes populares en el análisis ético de los valores, reglas constitucionales y cívicas; de los factores morales que guían su práctica y de sus deberes para con los intereses básicos de la humanidad. Ponerse al día de que la tarea más reciente de la ética consiste en ofrecer resistencia a las tendencias de la mundialización y la comercialización porque no son pertinentes al bienestar de las personas, sino para favorecer a élites, cada vez más reducidas, cambiando valores y derrocando convenciones constitucionales e incluso morales si estorban a su ambición y abuso.Que aprendan que su deber es proteger las ventajas sociales que satisfacen una vida humana aceptable para todos; que recuerden que ya en el pensamiento ético clásico los intereses humanos estaban acordados con reglas y acciones consecuentes: el Bienestar, procurando los bienes básicos para sobrevivir y atender a su familia con dignidad; la Libertad para organizarse y organizar sus propios asuntos, a fin de realizar sus deseos según valores propios o culturalmente definidos; la Justicia al servicio de encontrar la manera de compartir los beneficios del trabajo y la riqueza que éste produce y también de corresponsabilizarse de las cargas sociales de toda coexistencia pacífica. Que trabajen para la paz y no para la guerra. 


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