Tiempo vivido

La espiritualización del quehacer práctico

Es posible que Coahuila sea, si no el primero, uno de los Estados donde el pensamiento liberal tenga y haya tenido mayor arraigo. A ello han contribuido varios factores de orden histórico, político y económico, posibles de identificar en su devenir como sociedad, y que tejieron efectos culturales, a su vez que antecedentes condicionantes de su desarrollo en el tiempo. Las tierras de Coahuila, cuando aconteció el contacto de los mesoamericanos con los ibéricos, eran habitadas por grupos genéricamente denominados chichimecas, los cuales habían desarrollado un carácter práctico, utilitario; con tecnologías líticas y de cestería propias de los grupos trashumantes; igualmente, insipientes sistemas religiosos, que favorecieron el sentido de libertad. Medio siglo, más o menos, debió transcurrir para que los avanzados del dominio español, tuvieran acercamiento con los chichimecas. Eran hombres curtidos de otra manera a aquellos que se arraigaron entre las culturas del centro y del sur de la Nueva España en conformación. El no encontrar grupos domeñables, extraviados para la realidad del virreinato y la metrópoli, configuraron un utilitarismo similar al imaginario intelectual que los norteños. En el enfrentamiento dominó el más fuerte, pero inculcó en la genética cultural, válganme la expresión, la síntesis de elementos consolidantes del pensamiento proclive a la libertad, y claramente dependiente de las capacidades humanas, sin fincar demasiadas esperanzas en la intervención divina, sino más bien de conveniencia circunstanciada del credo. Por eso acá, no hubo mega catedrales, sino iglesias que más parecen presidios, justos espacios para salvar almas aquí.
Por más esfuerzo que los regulares y seculares hicieron para generar  dependencia religiosa de alto nivel culpígeno, no pudieron sobreponerse a la conformación de un espíritu pragmático, capaz  de vivir la religiosidad sin fanatismo. Por ello, las ideas de la ilustración y luego las liberales, encontraron tierra fértil  en los hombres y mujeres de Coahuila; y cuando hubieron de convivir distintos credos, la tolerancia y el respeto fue simiente de acciones comunes que aventajaron al hombre y sus libertades puestas en juego para su progreso. Los conflictos intestinos de los coahuilenses han estado y están teñidos de otros intereses, nada espirituales. Así, cuando los ha habido, pasados los momentos caldos, los grupos antagónicos han encontrado los caminos para seguir adelante. Es esta lección la que debe inspirar mejores soluciones, permitir que el espíritu se concrete, se fortalezca y deje huella de su realidad creadoramente humana.


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