Tiempo vivido

Seis días de vida para un Presidente


Se ha dado un paso más en el propósito de convencer a la mayoría de los mexicanos, que la ruta de las acciones reformistas en curso, nos beneficiarán, algún día. Ignoro cuánto cueste la portada de la revista estadounidense, incluyendo el contenido de un artículo por encargo. Si no fuéramos expertos en reconocer el camuflaje, nos restaría esperar, por aras de la transparencia del gasto público, saber el monto de lo invertido, así como las cifras verdaderas que se pagan por los promocionales, donde los mexicanos somos pintados como ignorantes o desinformados; razón por la que no alcanzamos a comprender el fondo, y las consecuencias de las Reformas, evidenciando con ellos, exactamente lo contrario: el divorcio del pueblo con las imposiciones; simple y sencillamente porque ya entendió y sufre las primeras consecuencias, a tan sólo días de su implantación.
Al menos en dos ocasiones, una en los albores del siglo XX, y otra hace unas horas, de voces estadounidenses, se ha escuchado ese argumento de salvar a México. El primero de sus agentes, así lo justificó ante sus colegas embajadores, durante la Decena Trágica; acontecimiento que él orquestó junto con Félix Díaz y Victoriano Huerta, bajo la complacencia disimulada de la élite porfirista antirrevolucionaria. Cólogan, embajador de España, relató en una conferencia publicada  en The Springfields Republican, y reproducida en México en 1914, cómo Wilson había dicho que “la Embajada se convirtió en el centro de todas a las actividades a favor de la Humanidad”. Márquez Sterling, embajador cubano, asevera que Wilson le mostró una lista de las facciones- incluso el zapatismo-  que habían secundado al sobrino de Díaz, y cómo le dijo: “Señor Ministro, Madero es un loco, un vesánico, y su resistencia a Díaz, es completamente inútil”. La madrugada de un día como hoy, Cólogan fue  mandado ir con Wilson. En la Embajada esperaban los ministros de Alemania e Inglaterra; en cuanto llegó éste, Wilson repitió su discurso de la locura de Madero y agregó que debería ser “legalmente declarado sin capacidad mental para el ejercicio de su cargo”... “Esta situación es intolerable y voy a poner orden”.
De ahí siguió la intriga y la colusión con los reaccionarios,  los cuales forzaron la renuncia de Madero y luego, seis días después, perpetraron su asesinato. Sin duda, para Wilson, por sus razones de Humanidad, México estaba salvado de las acciones de un loco, quien días antes había decretado pagaran impuestos  las mineras y las petroleras extranjeras. Hoy, de nuevo México se ha salvado, según nos enteramos, pero ¿de quién, de qué?, si la Revolución y su Constitución, está, al fin, desde hace meses derrotada.


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