Tiempo vivido

De barcos y velas

Otrora hice referencia a las primeras embarcaciones europeas que navegaron el Golfo de México, o mejor dicho el Mar Caribe en 1492; dos carabelas y una Carraca; también que los indígenas americanos, pese a estar bañado nuestro continente por dos océanos, no fueron pueblo de marinos, como por ejemplo los pueblos que compartieron el Mediterráneo.

Quizá no tuvieron tiempo de desarrollar la navegación dados los procesos de su evolución cultural interrumpidos por la conquista y colonización iniciada por España y Portugal y seguida por Inglaterra, Francia y Holanda en menor medida.Todo sucede en su momento, nada antes o después de tiempo, sino cuando debe suceder, razonamiento bastante tramposo pero útil para jugar con el destino que según unos, está prescrito.

Ya en serio, diremos que de no haber sido por las guerras comerciales de los europeos entre sí y con el medio oriente, no se hubiera espoleado la inventiva del hombre para construir barcos capaces de realizar navegación de altura.

Por miles de años las embarcaciones que cursaron el mediterráneo fueron ciertamente ligeras, de bajo bordo, capaces de alcanzar grandes velocidades, pero  de poca capacidad de carga y malas para sortear tormentas marinas.

La tecnología fenicia y griega combinada dio origen a la galera, barco bajo y con forma de estilete, de vela y remos, que se usó hasta la Edad Moderna, pero fue sin embargo inútil para adentrarse en el Atlántico.Cuando se construyeron barcos más altos, anchos y sólidos, el océano fue conquistado.

Los barcos atlánticos de estructura redonda que hacían pensar en cáscaras de nuez, sacrificaron longitud, para asegurar altura y anchura y se caracterizaron por la elevación exagerada del castillo de popa (los barcos hoy levantan más la proa que la popa) debido a que el timonel debía estar cerca de popa y también por la necesidad del piloto de ver lo que tenía enfrente.

Las urcas, las carracas, las naos, todos barcos atlánticos, eran cortos y pesados; pero en el siglo XV apareció la carabela, (de la voz carabo,  tipo de barco que ya usaban los árabes), embarcación de velas redondas, sólida y al tiempo ágil, capaz de salir bien librada en tormentas y franquear largas distancias.

Hoy aceptan los entonces rivales, que los portugueses, entonces líderes marinos, la introdujeron y los españoles la perfeccionaron, especialmente los andaluces del golfo de Cádiz. 


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