Tiempo vivido

Los atracos de los Intocables

A la famosa serie televisiva, ambientada en los años 20’s, donde los Intocables eran de los buenos, y muy avispados para asolar a los traficantes de licor de malta y de cuotas a cambio de la eliminación de asaltos, no nos referimos; como curiosamente, el título de la columna, contiene el mismo sustantivo y el mismo adjetivo/sustantivo,  los intocables a los que nos hemos de referir, no combaten los atracos, sino los cometen, razón que resuelve el aparente contrasentido del título de la columna, con la acción predilecta de los muchachos de Ness.
Problema en verdad añejo. Cuando la gloriosa cristiandad no tenía paralelo, surge y se difunde la economía monetaria, grave amenaza para los viejos valores cristianos. Ya pintaba aquello de: “Nummus vincit, nummus regant, nummus imperat”, es decir, el dinero es el vencedor, el dinero es Dios. En contraparte el Eclesiastés (XXXI, 5) decía: “Quien ama el dinero no escapa del pecado, quien persigue el lucro queda defraudado”. En efecto la usura es en esos siglos de la Edad Media, pecado capital;  grave imponer interés por un prestamista en operaciones donde no cabía, porque la usura aparecía cuando no había producción o trasformación material de bienes concretos. Ciertamente, la Iglesia permitió a la sociedad medieval, para que no quedara paralizada, cierto interés; lo que se prohibía, era la demasía; el exceso era lo condenable. Mas la economía monetaria fue una avalancha aprovechada por los burgueses, los nobles y los caballeros, en deterioro del poder eclesiástico; por ello los concilios de Letrán; el segundo de Lyon, los de Viena y París, se esforzaron para incorporar en el derecho canónico y el escolasticismo medidas para combatirlo. Paladines fueron san Ambrosio  y san Jerónimo; el Decreto de Graciano estableció. “Todo lo que se exige más allá del capital es usura”. Santo Tomás de Aquino asoció la usura a la injusticia; la presión a los cristianos fue tenaz; cosa que aprovecharon los judíos, dado que tenían más o menos prohibido dedicarse a labores productivas primarias y secundarias. Actividad que agravó el odio de los cristianos hacia ellos, equiparando el término usurero al de judío, y endureciendo el concepto: la usura es un robo, de manera que el usurero es un ladrón.
El esfuerzo cristiano fracasó, igual todo intento que buscó hacer justa la práctica de prestar dinero. La prueba más palpable la tenemos en México, donde los monopolios banqueros, especialmente después del Fobaproa, por cierto aprobado por los diputados, hacen y deshacen, aun con la obediencia del Banco de México. No hay autoridad que interceda a favor de los vencidos. Claro aquello de: Con dinero baila el perro.



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