Tiempo vivido

La agenda del desastre nacional

Los desfiles en México fueron demostraciones públicas, se reiteraba el vínculo político e histórico entre el gobierno y el pueblo;  así, previa ceremonia, el país celebraba el 16 de septiembre; combinaban los contingentes escolares y los del Ejército Mexicano; carros alegóricos con representación de cuadros de la historiografía; disciplinadas escoltas, bandas de guerra y agrupamientos bien uniformados, portadores de orgullo y gallardía lograda en múltiples ensayos; sus maestros también dignos en porte y galas. Igual conformación el del 20 de noviembre, pero era éste de carácter deportivo y general; se trataba de demostrar el vigor renovado y contundente de la mente sana en el cuerpo sano, de la libertad en poderío que significó la Revolución Mexicana para el pueblo oprimido y marginado; evoluciones propias de los distintos deportes, tablas gimnásticas, verdaderamente coordinadas; indumentaria propia para la práctica del ocio constructivo; cuadros consignando los pilares del desarrollo del país: los artículos 3º, 27 y 123 constitucionales. Los de mayo, realizados por los ejércitos que sostenían el progreso de México: el de los trabajadores, los obreros, los empleados, rememorando a los luchadores obreros nacionales y extranjeros de antes de la revolución; cierto, con el tiempo, simulando los logros sindicales apoyados por el gobierno en aras de cumplir lo estipulado en el Art. 123; y el del Ejército Mexicano; un ejército del pueblo, morenos la tropa y la oficialidad, origen popular, sin pompa de abolengos rancios.Contrario al presente, se celebraban los días precisos, las fechas exactas a las que hacían referencia las conmemoraciones; fechas del Calendario sancionado por el Congreso de la Unión, pero que desfigurado desde los gobiernos panistas, está empeñado, y quizá condenado a desaparecer. El atentado contra los elementos significativos de la identidad nacional, expresión actual de la agenda que nos lleva al desastre nacional; está dirigido a las superestructuras, una vez destruidas las bases del 27 constitucional, cuyo proceso inició Obregón con los tratados de Bucareli y han rematado los gobiernos antirrevolucionarios con el TLC y las Reformas Estructurales. Lo importante es que el pueblo recupera ya su significado y desfiló el mero día de manera pertinente ante la injusticia, el crimen, la corrupción y la entrega de la Patria; síntesis indiscutible del descontento nacional.  Lo latente, se hizo evidente, la rabia viene y va más allá del crimen de Ayotzinapa; contra ella ningún distractor funcionará, sólo reconquistar el sentido del 27 Constitucional y la justicia asentada en la verdad. 


  r_esparzac@yahoo.com.mx