Tiempo vivido

Tiempo de mujeres

El poder de las mujeres se desprende del poder que los hombres les asignan; así ha sido históricamente y aún en nuestros días sigue sucediendo. Los vocablos que en los discursos tanto las voces femeninas como masculinas utilizan, lo confirman: hemos logrado, hemos conquistado; nos hemos significado, pero aún falta; tenemos que empoderarnos, etcétera.

La sinergia aclararía que el avance es igual a la concesión.

El mundo masculino les ha planteado metas: igualdad, luego la equidad y cuando ya parecía que estaba cerca la meta, que no faltaba nada… ¡zas! otro peldaño: la paridad. 

Al momento en que las mujeres han comprado el concepto, ha surgido su promoción, motivos para organización femenina social y políticamente hablando y el empeño por alcanzarlo; han sido estos conceptos: valores, principios y ahora derechos y obligaciones; algo así como las liebres en las carreras de galgos.

Se han  aplicado en primer término al ámbito político por ejemplo: el voto y derecho a ser votadas, y luego al laboral: jornada de trabajo, puestos, salarios, maternidad (pre y posparto, para el cuidado del producto, como dicen los médicos), prestación que por cierto se ha ampliado al sector masculino, al valorar la importancia de la paternidad.

En el ámbito familiar, en tanto particular o privado, su observancia es pobre y en muchas ocasiones nulo.Las denuncias de violencia intrafamiliar, -sin contar miles de casos no denunciados-, los embarazos tempranos, la venta de niñas, la servidumbre femenina, los abusos, incluyendo los sexuales: la discriminación y el acoso en los centros laborales de toda índole, son claras evidencias que la labor educativa es endeble y la ley inaplicable o letra muerta.

La Igualdad, y la equidad, por ejemplo, en el campo de la política, tienen aristas incomprensibles.

Así, es frecuente observar cómo mujeres que han logrado posiciones políticas: cargos en los partidos, en las burocracias partidistas, diputadas o senadoras, funcionarias de alto nivel, y hasta de niveles inferiores en los estratos administrativos, etc. de pronto organizan séquitos con marcas jerárquicas, abusivas y hasta denigrantes; reproducen patrones históricamente masculinos, aún con sesgos de servidumbre femenina nada igualitarios, nada  equitativos y eso es preocupante, sin duda.En fin, cuando ya la igualdad, la equidad y aún la paridad entre géneros sean un hecho consumado, perfectamente integrado a la vida social en su conjunto, innecesarios de pregonar ni como metas ni como logros ¿qué otro peldaño  se inventará? He ahí la cuestión. 




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