Tiempo vivido

Sesquicentenarios y Ricardo Castro

Abordamos antes la Conmemoración de los 150 años de la llegada de Benito Juárez a Saltillo, el 9 de enero de 1864; estancia que tuvo desenlaces claves para Coahuila, ligados a la defensa contra la invasión incentivada por los conservadores desde el año de 1859, como reacción al triunfo de las Leyes de Reforma, como la Ley de Cultos, obra de Juan Antonio de la Fuente, garantía de la libertad más cara del ser humano: su libertad de pensamiento, y sustento de la regla básica de la convivencia social: la tolerancia religiosa. El primero de los frutos fue  la separación de Coahuila de Nuevo León, por decreto del 26 de febrero 1864; y luego, el reparto agrario; primero sucedido en la Laguna a favor de colonos matamorenses a quienes, además se les encomendó, en el mes de septiembre de ese año crucial para Coahuila, la custodia de los Archivos de la Nación.
Avanzando en descentralizar las conmemoraciones históricas de las esferas político-militar y administrativa, a fin de ponderar a mujeres y hombres que por su trayectoria obtuvieron el reconocimiento de sus alter, -trascendiendo por ello  generaciones-; debimos celebrar el pasado 7 de enero, junto con los duranguenses y para ejemplo de las juventudes, el sesquicentenario del nacimiento de Ricardo Castro. Quienes hemos tenido la suerte de hospedarnos en el Casablanca de la Cd. de Durango, sin duda nos impactó la hermosa edificación, que vive enfrente y en cuyo frontispicio exhibe su nombre. Con ello los duranguenses perpetuaron homenaje al importantísimo músico, de reconocimiento ecuménico, nacido en Nazas, Dgo., cuya biografía y obra debiera difundirse profusamente, junto con la de otros héroes culturales de México. En este sentido, como coahuilense, si bien orgulloso de prohombres fundamentales en la historia de México, me siento intranquilo, envidioso, porque no hemos inscrito en las páginas de la historia musical de México y del Mundo a ningún músico. Zacatecas: Villalpando, Codina, Ponce; Durango: Castro, Revueltas y Alvarado; San Luis, Potosí: Carrillo; D.F: Chávez; Jalisco: Galindo, Moncayo; en fin. Cierto, en nuestras ciudades se reconocen a personajes, pero están en la memoria de algunos cuantos conciudadanos. En Torreón, apenas Villalta, catalán de nacimiento, mexicano desde 1949, de quien las generaciones jóvenes nada o poco saben; después, torreonenses de nacimiento: Mercedes Shade Zavala y Ramón, del mismo apellido, heredero del talento familiar, quien reconocido va imponiendo con firmeza su trayectoria de calidad en el mundo. Mas lo mismo pasa en la pintura y en otras bellas artes. Sin duda, necesaria, tarea en Coahuila,  para impulsar talentos de talla.

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