Tiempo vivido

Muertos y cementerios

El pasado 31 de julio se cumplieron 158 años de la expedición del decreto con el que  Juárez cesó la intervención eclesiástica en los cementerios. Era parte de las Leyes de Reforma que separó la Iglesia y el Estado; decía a la letra: “Artículo 1º. Cesa en toda la república la intervención que en la economía de los cementerios, camposantos, panteones y bóvedas o criptas mortuorias ha tenido hasta hoy el clero, así secular como regular. Todos los lugares que sirven actualmente para dar sepultura aun las bóvedas de las iglesias, catedrales y de los monasterios de señoras, quedan bajo la inmediata inspección de la autoridad civil, sin el conocimiento de cuyos funcionarios respectivos no se podrá hacer ninguna inhumación”.

Se terminaban así, más de 300 años de vigilancia ejercida por la Iglesia católica sobre el último de los actos del ciclo sociovital del hombre: nacimiento, casamiento y muerte con los cuales ejercía control económico y espiritual sobre la población. Y aunque el decreto permitía que personas solicitaran formar cementerios con la autorización del gobierno, estos no prosperaron porque no se les ocurrió entonces el gran negocio que hoy representan para los empresarios del tema, y porque el Artículo 7º establecía: Los gobernadores de los estados y de Distrito, y el jefe del territorio cuidarán mandar establecer, en las poblaciones que no los tengan o los necesiten nuevos campos mortuorios y, donde sea posible, panteones.

Así nació la obligación de los municipios de tener panteones municipales, y de acuerdo al 115 Constitucional procurar los servicios necesarios para atender los decesos de la ciudadanía. Recordar esto es fundamental para Torreón donde desde hace años los panteones municipales no tienen  espacio para abrir una sola tumba más. Lo anterior explica los exitosos negocios que imperan en el municipio  en perjuicio de la ciudadanía al no tener alternativas públicas que abatan los costos al requerir un servicio funerario. 

Es por tanto urgente que el Municipio abra, no panteones tradicionales que requieren grandes espacios, pero si edificios que funciones como mausoleos al paralelo de servicios de cremación. Lo anterior es impostergable representando una obligada política pública que debió atenderse hace años de acuerdo al  Artículo 115 Constitucional. 


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