Tiempo vivido

¿Laicismo adelgazado?

Se llegó agosto y el tiempo de cumplir lo prometido: la presentación del modelo educativo que hará realidad la reforma laboral de la SEP. Se supone se integraría con la sapiencia de expertos alineados y la experiencia de las bases docentes del país vertidas durante la consulta que ya gasta casi la mitad del sexenio de Peña Nieto.

Será interesante ver qué se les ha ocurrido porque sin duda, si se atuvieron a los instrumentos -por cierto surtidos de evidentes deficiencias técnicas- que orientaron la discusión y la obtención de las opiniones, poco rescatable habría para armar la prometida Reforma, al grado que es de presumirse que algún equipo -espero de mexicanos- debieron trabajar en paralelo para presentar a tiempo el innovador modelo.

Me intriga cómo se reflejará el principio de la laicidad, tanto en planes y programas de estudio, como en la tarea de supervisión a escuelas privadas de corte religioso que escasamente acatan lo que dispone la Constitución en este tema y usan textos y prácticas doctrinales contrarias al cuerpo de conocimientos, valores y ejercicio permitido en la formación cívica ajena a todo credo y sí favorecedora de la libertad de pensamiento, con bases científicas y orientación democrática.

Sucederá el anuncio en medio de un ambiente adverso al Presidente quien tiene en estos momentos la más baja evaluación del pueblo a su actuación en ese constante declive de la aceptación de sus políticas y de su gabinete, circunstancia que obligó a una convención nacional de mi partido, sin más objetivo que  expresarle su apoyo, en lugar de iniciar un proceso de autocrítica y de revisión de las causas, hasta comprender que el desvío de los objetivos de la Revolución y de los principios libertarios de Morelos, Juárez y Carranza son la clave.

Sin duda que el presidencialismo, en sus diversos significados y expresiones para los mexicanos,  es cosa agotada, pero es más grave cuando la fe en quien se supone lleva el timón, se ha perdido.

Así sucede en la educación, cuando la laicización de los poderes públicos parecía una conquista definitiva de la Razón, Era positiva, como soñara Comte, propiciamos la colonización intelectual e incluso espiritual y desde luego la colonización económica, en esa alianza escabrosa que otrora se derrotó a sangre y fuego con pensadores liberales en su momento y revolucionarios sociales después, ilustres Padres hoy traicionados junto con su pueblo, desesperanzado, abandonado, falto de fe en la República y en una Patria para los mexicanos. 


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