Tiempo vivido

Hora de recuento

Ha terminado el décimo sexto año del tercer milenio, lo cual me da especial gusto porque el 2016 fue un año en que la circunstancia me puso a prueba ante la incertidumbre del desenlace del cáncer que padecí y que me hizo pensar en el valor del vivir con responsabilidad, con una responsabilidad que se tornó especial, nunca experimentada a lo largo del tiempo que se existía como si fuera eterno, vivencia a la que te enfrenta la cercanía de la muerte, pero también ante el enorme valor de la familia y de los amigos, la riqueza invaluable de su compañía.

Momentos en que se recuperaban pasajes del pasado, los aciertos, los errores, las consecuencias, el miedo y la entereza con que se asumieron; la forma cómo se cumplió la tarea ante la sociedad, ante los grupos cercanos en la SEP, en la Universidad, en las tareas municipales; las beneficios y perjuicios acarreados a otros y a uno mismo, eso sí jamás intencionalmente; mi rebeldía ante la injusticia y el saldo ante las acciones en cumplimiento de los ideales, donde hubo reveses frente a lo instituido, sobre todo en lo político por reclamar el abandono a los ideales que se suponía compartíamos en torno a las metas de la revolución que cada vez más se traicionaban y se volvían contra el proletariado como se denominaba entonces al pueblo desposeído.

Cuando uno es así, no se hace dinero, se hacen amigos, camaradas auténticos, se conocen simuladores, también inconscientes y pragmáticos advenedizos según las circunstancias; igualmente gente comprometida, estudiosos inteligentes intransigentes con sus ideales, obviamente  viviendo al día, mirando de reojo a quienes subidos al carro de la revolución falseada se siguen enriqueciendo. En fin un recuento satisfactorio, aunque con apremio por los pendientes por cumplir cuando parecía que se acababa el tiempo. Las mieles del amor también se recordaron y revivieron los aromas, las risas y la alegría. Son muchos años ya  y la vida sigue dando la oportunidad, un extra que quién sabe cuánto durará, viviéndolo plenamente.

Mas hay que redoblar quizá los últimos esfuerzos, sin traicionar los principios,  renovando ideales familiares y los que me inculcaron mis maestros, aquellos de los que hoy hay pocos; dejar un ejemplo en lo posible, por si a alguien le sirve. Con eso basta. Que sea un buen 2017 para ustedes. 


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