Tiempo vivido

Discriminación

En México la discriminación tiene muchos rostros, en algunos sectores de la vida nacional con mayor acentuación haciéndose notorias porque están en la palestra como objeto de campañas para erradicarlas; pero viendo con mayor detenimiento nuestros contextos sociales, políticos y económicos es difícil encontrar un ámbito donde no haya señales de este comportamiento o de intolerancias con distintos grados de expresión, inclusive con bases legales.

Herencia de aquellos 300 años de coloniaje, dónde las castas como mecanismo de clasificación socio-humana estuvieron vigentes, hoy en día nuestros grupos indígenas son las mayores víctimas inclusive todavía de explotación de sus personas y de sus recursos, con desventajas políticas y especialmente en materia de justicia; y dentro de estas comunidades pero extendido a otros sectores de población en general están las mujeres pese a lo legislado en materia de equidad y paridad de género, fundamentalmente porque los contextos culturales y de desarrollo condicionan la aplicación de los preceptos contenidos en las leyes.

Así, según la encuesta hecha en 2010 el mexicano siente que sus derechos no son respetados por su apariencia física (74%), por su educación (79%), por el color de su piel (81%) y razones culturales (82%); sin duda reminiscencias de la discriminación étnica sufrida por tantos años. Desde el tema de la edad de la población los extremos, es decir, los niños han recibido mayor atención para prevenir desventajas en su desarrollo; no obstante, por ejemplo, en el aspecto educativo los que viven en las zonas rurales indígenas o no, o en las zonas marginadas contiguas a las ciudades viven desventajas efecto de criterios administrativos y prácticas educativas cuyo resultado en su conjunto se vuelve una discriminación socioeducativa y cultural asociada a los altos índices de pobreza.

El otro extremo, el de los adultos mayores, igualmente sufren los efectos de sutiles procesos discriminatorios que se reflejan en pocas u nulas oportunidades de empleo, en pensiones insuficientes, falta de servicios médicos, volviéndolos un sector marginal, sin posibilidades de revertir su condición por las características de las leyes que cada vez los amparan menos y los condenan a condiciones de vida negadoras de sus derechos mínimos, sin considerar que esa población va a crecer con el paso del tiempo y se volverá un conflicto social de igual magnitud que el de los jóvenes sin empleo o empleados con bajos salarios y sin prestaciones sociales. En fin, demasiada tela de donde cortar.


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