Tiempo vivido

Diputados y Senadores, ¿para qué?

El último dedazo del ejecutivo, otorgando haya sido su iniciativa y no la imposición  de  los  poderes fácticos que se regodean en México, me hizo recordar las veces que en discusiones académicas  universitarias y entre historiadores hemos cuestionado el beneficio real del sistema bicameral del poder legislativo.

La evidente falta de independencia de los poderes legislativo y judicial respecto al ejecutivo, los cuales  avalan lo que el Presidente desea, sea o no ese deseo derivado de su función y responsabilidad constitucional, -desde luego mediante los mecanismos reglamentarios diseñados para disfrazar ese propósito, incluyendo la teatralidad de las disputas partidarias-; es circunstancia  que  por sí misma abona al cuestionamiento de la existencia y utilidad pública de las Cámaras, cuando han tergiversado su propósito constitucional. Inquieta el proceso en marcha por la inobservancia, aunque parezca lo contrario, de los principios que organiza a nuestro país como una República Federal.

El nombramiento de Eduardo Medina Mora, sin considerar la idoneidad  o no de la persona para la responsabilidad asignada, que el Senado aprobó, aparentemente sin consulta particular de los Senadores, -o al menos desconocida por las ciudadanías  de sus respectivos Estados Libres, y Soberanos-, es otra evidencia de los mecanismos pactados y obedecidos que hacen de nuestro sistema de contrapesos, un aparato encadenado y agonizante.La Constitución de 1824, estableció  a ambas Cámaras.

La experiencia dejada por la lucha entre federalistas y centralistas, luego entre liberales y conservadores,  la Guerra del 47, la inestabilidad interna, en fin, hizo que se pensara en que el poder legislativo se constituyera únicamente por la Cámara de diputados y así se plasmó en la Constitución de 1857.

Pero el 3 de marzo de 1870, con cuatro años, diez meses de observancia efectiva de la Constitución, de los once transcurridos desde su promulgación, Juárez, solicitó a los gobernadores apoyaran su iniciativa de restablecer el Senado. Los diputados, liberales todos, pero en distinto grado, se dividieron; los argumentos a favor se reconocen en el sentido y el contendido de los artículos vigentes a la fecha.

Los contrarios resultan muy interesantes porque ante la imposibilidad de comprobar su efectividad, previeron ante la Reforma que dentro del poder legislativo se perdería la esencia del federalismo, y terminarían ambas Cámaras al servicio del presidente coludidas bajo intereses nada patrióticos. ¡Qué razón tuvieron!


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