Tiempo vivido

Día del maestro

Hubo un tiempo en que el maestro era reconocido como líder indiscutible de la comunidad, incluso contendiente de los curas, cuando tenía que velar por los logros contra el obscurantismo de las conciencias  que promovía la iglesia, esto mediante la implantación del laicismo como garantía de la libertad de pensamiento base de una sociedad democrática, republicana y autogestora.

Desde luego que su profesión no era un llamado a la riqueza, al contrario era camino a la penuria por los bajos salarios que históricamente ha ganado; de ahí la imagen del maestro tratando de vestir bien aunque su traje fuera pasado de moda y ya acusara desgaste por el uso. Las escuelas normales impulsadas en la segunda parte del siglo XIX, representó una oportunidad de estudio para la gente más bien desposeída, hijos de obreros, campesinos, trabajadores de ingresos  modestos y de maestros que habían inculcado en sus hijos los valores de su apostolado.

Siempre la responsabilidad y la presión social fue alta, lo que lo obligaba a la actualización permanente, generalmente a costa de  su exiguo sueldo  y a la entrega desinteresada a su labor docente en las condiciones de trabajo más adversas e incluso marginadas, consciente que era parte del ejército a quien la Patria había dado la tarea de preparar a las nuevas generaciones.

Pero llegó el tiempo en que su misión se pervirtió por el aparato gubernamental cuando con afán de su control político logró el contubernio con los líderes de su sindicato, quienes no sólo dejaron de luchar por sus mejorías laborales y salariales sino que promovieron una devaluación social de su profesión.

El sistema de educación normal entró en crisis, cuando el sindicato amparó a los docentes de esas instituciones por motivos familiares y corrupción sindical y llegaron a ser maestros personas sin calidad formativa y profesional. Incluso las instituciones elevadas de nivel profesional, no dejaron de ser escuelas primarias grandotas, carentes de innovación ante la complejidad del fenómeno educativo de nuestros días.

El resultado, maestros de dudoso perfil de desempeño con la consecuente pérdida del respeto social de padres de familia e incluso de los propios alumnos. Los ajustados festejos del Día del Maestro que promueve el Sindicato reflejan esa devaluación, con eventos de nula calidad cultural.


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