Tiempo vivido

Desmantelando el sentido de nuestra historia nacional

Un día como hoy Francisco Ignacio Madero, por fin comprendió que la traición sobre la cual le advirtieron, incluso su hermano Gustavo, era una realidad irrebatible.  Los errores políticos cometidos, ensoberbecieron de tal manera a los reaccionarios que sin empacho iniciaron, apoyados por los vecinos del norte, el cuartelazo. Con el corazón por delante, el Presidente Madero montó su corcel blanco, decidido a defender los principios de la legalidad. Unos cuantos mexicanos leales, entre ellos, cadetes del Colegio Militar, cubrieron sus flancos en aquella marcha hacia el Palacio Nacional. El pueblo, en cambio, se arremolinó  a su paso, alentando el alma de Madero, el cual quizá cayó en la cuenta que, en esos momentos, era el apoyo popular más simbólico que efectivo. Llegó a la sede del Poder Político, poder que estaba ya en manos de los viejos porfiristas  y de la élite militar y legislativa, dónde, salvo excepciones, sólo encontró abandono.
Cuando en la escuela se estudiaba el tema de la Decena Trágica, en libros que contenía esa historia oficial que algunos afines a la reacción de hoy condenan,  se hacía bajo el valor que significa la lealtad, condenando, por supuesto, como resultado de la lección: la traición. Era Madero, nada menos que el Apóstol de la Democracia, cuyo lema: Sufragio Efectivo, no Reelección, sintetizaba el proceso social que justificó una Revolución, el cual, al final prometió -y hasta avanzó- en la ruta de la Justicia Social. Sufragio Efectivo, No Reelección y la Justicia Social, fueron a la vez el faro del PRI y los principios organizadores de la labor gubernamental, hasta que arribaron al poder, los fatales operarios de la globalización y de la modernización a su servicio.
El problema es resolver, -a partir de la Reforma Política-, bajo qué valores se enseñará esta lección de nuestra historia. ¿O será que al corregir la ortografía en los libros de texto, se aprovechará también para corregir la historia nacional? Ahora resultará que la consigna de Madero tenía un error de ortografía. Seguro se dirá con todo cinismo, como es lo usual en estos días, que la “coma” estaba en el lugar equivocado. Así, en la fe de errata de la Historia de México aparecerá: Por un extraño fallo, que ni Madero, ni Carranza, ni Lázaro Cárdenas, ni tantos millones de mexicanos advirtieron: el lema de la Revolución Democrática, debió haber dicho: Sufragio efectivo no, Reelección. Así que agradezcamos la modernización de nuestra Patria;  porque de ahí seguirá, para ser congruentes con los hechos del presente, la imposición, -esperando aplausos de sus mandantes-, del nuevo lema nacional: ¡México, para los extranjeros!


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