Tiempo vivido

Cultura y educación 2016

Cerró el año con dos acontecimientos saturados de expectativas dignas de trascendencia; uno, reiterado ante la incredulidad nacional y el otro ya esperado desde hacía tiempo: la independencia “formal” del quehacer del CONACULTA de la Secretaría de Educación.

La declaración del Secretario de Educación pareció ser el preámbulo; “La Secretaría de Educación no tiene tiempo para la cultura”. Quedé pasmado cuando lo escuché y leí al día siguiente para asegurarme que no me lo había imaginado.

Sorprendente, sin duda, no sé si motivada por sus particulares conceptos de educación y cultura o porque hasta ahora su empeño ha sido la evaluación de los profesores y desmantelar la resistencia de la CNTE, sin que hubiera reflexionado sobre el quehacer toral de la SEP, a la que le es imposible hacer su labor sin la  transmisión y reconocimiento de la cultura objetivada en obras, como dijo Spinoza, y la construcción permanente de la misma, a la que llamó en acción; por supuesto, agrego, con visión de futuro para que efectivamente les sea de utilidad vital a los millones de estudiantes del sistema educativo nacional, no como obreros de las transnacionales que dominarán nuestra economía y a la que se espera sirvan irreflexivamente.

La curiosidad sobre cómo estará integrado el modelo educativo de la reforma, que se presentará en unos días, estriba en si afinará precisamente estos objetivos o en cambio procurará contribuir -en franca contradicción al resto de las Reformas Estructurales- a lograr un México independiente, libre, soberano, autosuficiente, explotando sus recursos para el bien directo e inmediato de los mexicanos; es decir, prepare a los niños y jóvenes para la siguiente revolución. Entonces, si esta utopía estuviera implícita o explícitamente plasmada en ese modelo, sería congruente con la creación de la Secretaría de Cultura.

Por supuesto que ésta tendría que cumplir lo que el primer analista de la cultura mexicana, Samuel Ramos, escribió hace setenta años sobre el oficio de la cultura: una función del espíritu destinada a humanizar la realidad, a hallar el sentido a la vida humana; que no es, según mi parecer, aceptar como irremediable la servidumbre a la que nos está sometiendo la globalización.

La escuela mexicana desperdició la oportunidad de ser el núcleo para la educación y formación de la sensibilidad artística integrando las expresiones culturales comunales a la alfabetización; la tarea fue de otra área, que nunca tuvo ni tendrá hoy, la estructura física y humana para lograrlo masivamente.


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