Tiempo vivido

Cuestión de reyes

Abordaré, a propósito de las celebraciones imbuidas en tradiciones religiosas de fin e inicio de año, el tema que se refiere a Apelicón, Amerín y Damascón. Al avanzar en la lectura habrá quienes me digan que estoy equivocado, que me estoy refiriendo a Magalath, Galhalath y Serakin. Probable, igual me refuten diciendo que debiera saber que los nombres correctos son Ator, Sater y Paratoras. En realidad  tendrían razón mis interlocutores porque son los nombres con que griegos, hebreos y etíopes se referían a Melchor, Gaspar y Baltasar, voces con que se conocen a partir del Siglo VII, y de quienes Marco Polo afirmó descansaban en suntuosas tumbas en la ciudad de Sava; pudiendo verse sus cuerpos incorruptos y con sendas barbas y cabelleras.Otra discusión se abriría para responder si eran Reyes o Magos, o las dos cosas; si fueron  efectivamente sólo tres; si sería cierto que era uno semita, otro ario y el tercero camita, como estipuló el papa León I, en el siglo V; o como los describió Beda el Venerable, eclesiástico inglés: Melchor, anciano; Gaspar, joven, lampiño y rubio, y Baltasar, negro de abundante y ensortijada barba, contraria a la aluenga barba de Melchor. Y no se diga, si quisiéramos precisar, qué fue en realidad la estrella de Belén, si pudo ser el cometa Halley, o como explicó Juan Kepler: la conjunción de los planetas Marte, Júpiter y Saturno, punto  apoyado por el Director del Observatorio del Vaticano, el jesuita Treanor, pero complicando el asunto al aseverar que sucedió el año siete de la era cristiana;  y otra: cómo pudo ese lucero darles pistas para precisar el lugar donde habrían de llegar con sus abundantes regalos, de los que tampoco se sabe a dónde fueron a pararLa verdad ¡y qué bueno!, nada preocupa lo anterior a los infantes de todas latitudes del orbe; sólo es su interés madrugar el día 6, para encontrar obsequios depositados bajo el árbol o el pesebre, o en otra forma, como acontece entre los niños catalanes, con el Cacaíto. En el centro y sur de México, el 6 de enero prevalece sobre el 25 de diciembre, para que los niños reciban su aguinaldo de juguetería, como dijera López Velarde; y más extendido en todo el país, el tiempo de compartir la rosca de reyes, herencia medieval francesa, donde se ha sustituido el haba por una figura de niño de porcelana o plástico, en una especie de suerte, para quien lo encuentre, de obsequiar no a los niños, sino a los comensales con una tamalada; magnífica expresión sincrética de la cultura mexicana, que la crisis hace se escamoté, deseando no tenerla, o deglutiendo  la figurilla,  en lugar de vivir como privilegio ser el portador de la Epifanía: sea éste, el nacimiento o el bautismo de Cristo en el Jordán. 


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