Tiempo vivido

Carranza: al cajoncillo de los asuntos olvidados

El Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Independiente, Libre y Soberano de Coahuila de Zaragoza, de fecha 17 de marzo de 1926,  publicó el decreto número 154, que días antes había emitido la Comisión Permanente del XXVII Congreso del Estado, por el cual la Villa de Cuatrociénegas se denominaría en adelante: Cuatrociénegas de Carranza.
Un acto trascendente desde el punto de vista político y en apariencia temerario, porque a tan solo seis años del asesinato del Presidente Carranza,  crimen con el cual culminó la insurrección de los sonorenses bajo la bandera del Plan de Agua Prieta, Manuel Pérez Treviño, gobernador de Coahuila, en un intento de reconciliar a los carrancistas y obregonistas, hizo este gesto -seguramente “acordado”-, de reconocimiento al Varón de Cuatrociénegas en el seno de la política federal que Obregón y el Presidente en turno, Plutarco Elías Calles, habían desencadenado contra los carrancistas, dentro de la cual estaba la consigna de colocar en la  proscripción la figura y labor revolucionaria y presidencial de Venustiano Carranza.
El próximo miércoles se cumplirán 94 años del ataque traicionero sucedido en la madrugada lluviosa del 21 de mayo de 1920, en el poblado de Tlaxcalaltongo, Puebla. Cierto que muchos destacados coahuilenses que habían seguido a Carranza en su lucha contra la usurpación de Huerta, entre ellos Pérez Treviño, le habían vuelto la espalda cuando no apoyó a Obregón en su intención de sucederle en el cargo Presidencial; otros habían hecho lo mismo al momento de la escisión  entre el entonces Primer Jefe y Francisco Villa. Aún así, venciendo a estos últimos agrupados en la Convención de Aguascalientes, se mantuvo en el poder en momentos verdaderamente complicados, hasta que externó su idea de que el próximo Presidente debiera ser un civil, sin antecedentes de mando militar en la contienda revolucionaria.
El propósito de desterrar de la memoria histórica a Carranza fue obscurecer su postura anti yanqui que se había plasmado, más de lo que él habría querido, en la Constitución de 1917. La desconfianza en el entreguismo de Obregón a los EEUU, como antes la tuvo de Villa y Zapata, estaba en el fondo de su intransigencia y animadversión por dichos revolucionarios en esta etapa política de México. Los Tratados de Bucareli le dieron la razón histórica a Carranza, porque fueron el inicio de la contrarrevolución que más o menos camuflada se ha continuado hasta la brutal y descarada expresión actual, plenamente viva y comprobable en las Reformas Estructurales que van en camino de hacer  de México, otro Puerto Rico. ¡Qué feliz estaría James Monroe!


r_esparzac@yahoo.com.mx