Tiempo vivido

Bando de excomunión a Miguel Hidalgo, 13 de octubre 1810

La insurrección en la Nueva España tuvo como antecedente el cuestionamiento directo y profuso hecho por las colonias americanas: ¿dónde radicaba la soberanía, una vez sometida España al yugo napoleónico? Fue la coyuntura para que se expresara abiertamente lo que en las juntas y tertulias se discutía en torno a las ideas ilustradas y otros temas como la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos de la colonia, considerada peligrosa dado el clima de agitación, que ya había costado el virreinato a José de Iturrigaray, habiéndolo sustituido Don Pedro Garibay, quien en su corto mandato interino, le correspondió afrontar múltiples procesos de sedición y sancionar el primer tribunal erigido para los casos de insurrección. En tanto llegaba el nuevo virrey, la Audiencia designó al Arzobispo Francisco Javier de Lizana y Beaumont, quien consiguió  frustrar un levantamiento en Valladolid, auspiciado por el fraile franciscano Santa María, los licenciados Michelena  y Soto, el capitán y teniente, respectivamente, García Obeso y Mariano Quevedo y el cura Manuel Ruiz de Chávez. La propia Audiencia lo depuso en febrero de 1810, la cual gobernó hasta la llegada el Virrey Francisco Javier Venegas quien prestó juramento el 14 de septiembre de 1810; de manera que la rebelión incitada dos días después, por Hidalgo, Allende, Aldama y demás conspiradores, lo enfrentó de lleno con la realidad de la Nueva España.La acción contra los insurgentes tuvo de inmediato dos frentes: el militar y el político, ambos para persuadir a los novohispanos de no sumarse a la rebelión. Así, un mes después, el 13 de octubre de 1810, el Santo Oficio publicó el Bando por el cual se proclamaba la excomunión mayor de Hidalgo y Costilla. Se comunicaba que era continuación de un proceso iniciado en 1800 y continuado hasta 1809, por el delito de herejía, y apostasía, y por ser un hombre sedicioso, cismático y hereje formal dadas las doce proposiciones que había proferido y enseñado a otros. A más de soberbio, al decir que no se había graduado de doctor en la Real Universidad, por ser el claustro, una cuadrilla de ignorantes; y de haber declarado la guerra a Dios, Religión y Patria con una contradicción monstruosa: alarmando a los pueblos para la sedición, según aseguraban papeles públicos, con el grito de la Santa Religión, con el nombre y devoción de María Santísima de Guadalupe y con el de Fernando Séptimo. Por dicho Bando se le citaba para que compareciera ante la Audiencia del Santo Oficio, y se fijara en catedrales, conventos, parroquias, con la pena de excomunión mayor y multa de quinientos pesos a quien quitara, rasgara o cancelara la proclama. 


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