Tiempo vivido

Archivos y transparencia

Está en discusión de la Cámara de Senadores la propuesta de la nueva Ley de Archivos y ha trascendido, que una de las dificultades que se tiene que franquear es la conciliación con la Ley de Transparencia con la de Datos Personales y desde luego avanzar en dar la correcta importancia a los archivos públicos que siempre han estado a la zaga de las administraciones en los tres órdenes de gobierno.

La Ley de Transparencia por ejemplo, busca que la administración y las decisiones del gasto público estén al alcance de la ciudadanía para que pueda ejercer vigilancia del buen obrar de las autoridades. Claro las decisiones peligrosas para la integridad y soberanía del país no siempre están ligadas a asuntos de dinero y tampoco para el amparo de las mayorías; así se han hecho modificaciones a la Constitución que con el tiempo resultan contrarias al interés público y en beneficio de sectores poderosos.

Hoy en día es posible merced a los avances tecnológicos, tener conocimiento paso a paso de los asuntos de la administración pública y esos procesos tener la transparencia que permitan comprobar que se actúa conforme a procedimientos establecidos y de cara al ciudadano. En teoría no hay casos secretos, ni motivos, salvo estratégicos para salvaguardar el interés público cuando se presuma conflicto con intereses privados o por seguridad a favor de la ley, pero esta reserva es temporal para el conocimiento público pero no para el interior de la administración.

La discrecionalidad puede estar al servicio del abuso, la corrupción y la impunidad por eso debe haber procedimientos, objetivos y requisitos documentados y publicados para cada trámite y los casos guardados en expedientes que luego constituyen los documentos propios de los archivos donde se refleje el proceder de los funcionarios y de la institución. Los archivos de gestión, de concentración e históricos son un continuum y deben estar abiertos a la ciudadanía. Éstos son la base de la auténtica transparencia y la prevención contra los crímenes que hoy padecen las finanzas públicas en todos los órdenes de gobierno.

Veremos de qué parte están los senadores y diputados, si cuidarán no ponerse la soga al cuello; o si efectivamente están hablando en serio en sus iniciativas para la lucha contra la corrupción, y el robo descarado de los fondos públicos. 


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