Pelotazos

El Atlante está condenado a morir

Recurro al archivo. Van a ser seis años desde que el Atlante fue campeón. El futuro brillante, promisorio en Cancún, se ha convertido en humo. Aquí un fragmento del texto publicado, en este espacio, el 10 de diciembre de 2007:

“Es una buena noticia que haya ganado el Atlante. Significa la resurrección de un histórico, y al mismo tiempo, el nacimiento de una plaza que tiene todo para afianzarse en Primera División… La afición de toda la región que estaba indecisa, no tenía equipo, o se sentía lejos de su favorito, ahora tiene en el Atlante una excusa perfecta para meterse al futbol y disfrutarlo”.

Seis años después todavía quedan atlantistas por ahí, algunos en Cancún. Pero pocos compran boletos o camisetas. Es una minoría la que prende la tele para ver a su equipo. Cada mudanza, cada renovación, cada nueva contratación, cada nuevo técnico han llegado con la ilusión de resucitar a los Potros. Han tenido buenos jugadores, campañas espectaculares, pero nada, viene la desgracia y todo se desmorona otra vez. El descenso, otra humillación, está cerca. Ya lo han vivido dos veces, dos años en los que regresaron inmediatamente. Pero todo abona al desencanto, a la frustración. No importan los esfuerzos de su dueño, de sus directivos, de sus directores técnicos y jugadores.

El Atlante está condenado a morir, no imagino otra razón. Lo fácil es pensar que fue porque se quedó sin hogar y sin arraigo. Como si en cada mudanza se le hubiera muerto una parte. Ha jugado en la Ciudad de los Deportes en tres etapas, otras tres en el Azteca, en CU, en la Corregidora, en Neza y en Cancún… Más estadios que títulos.

Pero ni siquiera, sin las mudanzas, creo que los Potros hubieran tenido futuro. No abandona mi cabeza una frase del poeta Esquilo: “Ni aún permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar, puede el hombre escapar a su destino”.

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