Ventanas

Ninguna ley en México indica que está prohibido roncar, pedorrearse, sacarse borritas de entre los dedos de los pies o rascarse los huevotes en las oficinas públicas. Ni la constitución, ni sus actuales reformas y  leyes secundarias, ni los reglamentos que de ellas se deriven, están en contra de la libertad de l@s regidor@s para dormir en sus oficinas, así estén expuestas a los ojos de empleados, paseantes, curiosos o periodistas.

Por ello, a la regidora de los grandes huevos, no se le puede acusar de allanamiento de morada. En todo caso, convendría recurrir a algún reglamento sobre sanidad e higiene y buscar el artículo en donde se especifiquen las faltas de higiene y los daños a la salud de terceros, provocadas por los malos olores producto de las acciones ya señaladas.

Por otro lado, de acuerdo a una larga tradición, la cual derivó en una muy recurrida práctica legislativa, las oficinas públicas asignadas a los legisladores se convirtieron en el mejor lugar para descansar, echarse un coyotito o contar la morralla etiquetada para las casas de enlace.

Siguiendo esa ya de alguna manera, honorable tradición, la regidora de las mamadas y putazos tiene todo el derecho de pernoctar a sus anchas, que no son pocas, en una oficina del Palacio Municipal, sin pagar un solo centavo por ello. Nomás faltaba.

De igual manera, quienes se atreven a acusarla de daños en propiedad ajena, rotura de vidrios públicos y contratación ilegal de cerrajero en el Mercado Corona, se verán en la obligación de reconocer el grave daño causado a la iniciativa privada por sus irresponsables declaraciones.

En primer lugar, esas acusaciones afectan a la creciente y pujante industria de la reparación de ventanas en edificios públicos, la cual ha crecido en los últimos meses alrededor de todos los espacios en donde se reúnen burócratas de alto rango a contar sus ilícitas ganancias.

Atentar en contra del noble oficio de reparador de ventanas públicas, es un ataque en contra de la libre empresa y una seria amenaza a todos aquellos nichos de oportunidad que la actividad burócrato-legislativa genera.

Al contrario, el tamaño de las ventanas en las oficinas públicas debería, por ley, aumentarse para dar cabida, sin dificultad alguna, a todas las expresiones de ira y descontento provocadas por las acciones, o en su caso, inacciones, de los autonombrados servidores públicos.

Pero sobre todo, para facilitar el acceso a las regidoras con sus huevotes y sus uñotas, que deseen ingresar a deshoras por ellas.

Ventanas abiertas. 

roberto.castelan.rueda@gmail.com