Única

Pues sí señores y señoras, el diccionario no miente. Como yo no existe otra, soy extraordinaria y excelente. Y lo más importante, estoy aquí para servirles. Pruébenme, soy la única.

Soy única porque usted lo pidió y vengo a resolverle todos sus problemas relacionados con la limpieza desde su hogar, su barrio, su colonia, hasta su municipio, su región y su estado.

Si usted se siente amenazado, extorsionado, no puede más con los robos, secuestros, levantones y asesinatos, llámeme, y probará a la única, la especial y extraordinaria fuerza de limpieza a su servicio.

Me equiparon bien, usted sabe, una buena imagen es muy importante en estos casos. Usted pagará mi salario y su municipio contribuirá con una pequeña ayudadita para mi manutención.

No tema, no como mucho, mis gustos no son muy exigentes. Los otros, quienes buscan igualarme, pero ni de lejos podrán comparárseme, me llaman la bien pagá. Envidiosos, egoístas. Como a ellos los marros de sus munícipes les pagan una miseria, piensan que todos podemos ser iguales.

Se equivocan. No alcanzan a distinguir lo que la palabra “única” significa: nadie, nadie como yo ¿entienden? Ni se tomen la molestia de envidiarme, pierden su tiempo, hay niveles: yo dependo del mero mero y ustedes de jefecillos impresentables.

Ah, porque sépanse que las regioncitas, esos lugares alejados de la civilización llamados municipios están tan mal, que nos vemos en la necesidad de centralizarles todo.

Ni modo de dejarles el control a ellos. Si son malos para rendir cuentas de sus raquíticos presupuestos, imagínese de los ingresos extraordinarios. Y quienes estamos comprometidos con el centralismo democrático no podemos permitir excentricidades ajenas.

Ustedes nomás piensen que la unión hace la fuerza. Tomen una ramita y quiébrenla por la mitad ¿verdad que es fácil? Ahora junten cien, doscientas, trescientas ramitas y también intenten quebrarlas por la mitad, ¿verdad que ya no es tan fácil?

Bien dice el dicho: la unión hace la fuerza y pues aquí aunque no haya unión, hay fuerza, y soy única, la envidiada, la necesaria, la extraordinaria y excelente, además con la mejor dirección y las mejores intenciones.

Aunque parezca, no soy más de lo mismo ni otra solución para los mismos problemas. La inteligencia de mis publicistas en poco tiempo me convirtió en un producto imprescindible, en el mejor y por supuesto, el único.

Como los rollos de papel o los productos de limpieza profunda, mi presentación super reforzada y económica marca la diferencia con los anteriores productos.

No se confunda. Soy única.

roberto.castelan.rueda@gmail.com