Tubito

Tal vez, la medida de detener conductores borrachos sea una excelente idea. Habrá menos muertes por accidentes de auto, menos chamba para las aseguradoras y menos sustos para los peatones. Tal vez.

Y la medida es muy simple, muy sencilla: unas señoritas muy amables le piden, siempre amablemente, detener un ratito su vehículo. Le explican, con voz de anuncio de oferta del “departamento de salchichonería”, el objeto de la molestia causada a su, tal vez, alcoholizada personita.

Después de eso, le introducen un tubito en la boca. Usted deberá soplar, no chupar, no es popote ni nada parecido, mientras una edecán disfrazada mira atentamente los numeritos que crecen en el aparatito sujeto al tubito. En un momento, su cuerpo, a través del tubito, revelará los secretos de su estómago y de su sangre.

Si su sangre cumple con los requisitos asignados por algún reglamento, usted podrá retirarse en su carro acompañado por una hermosa sonrisa de la edecán.

Usted deberá estar agradecido: el Estado entró en su cuerpo a través de la introducción de un simple tubito. Ni se le ocurra pensar en Foucault y su tesis del biopoder. Eso no le servirá para reclamarle al Estado la metida de tubito que le han dado.

Si la medida resulta exitosa, esta podrá extenderse a otras actividades consideradas riesgosas para usted y la sociedad, incluidos los enormes gastos del ya de por sí deteriorado sistema de salud.

Tomemos por caso las enfermedades de transmisión sexual. El Estado podrá instalar, a la entrada o salida de los moteles, puestos de sexolímetro. En ellos, muy amablemente, usted y su pareja serán sometidos a un análisis rápido del VIH, tomándole una pequeña muestra de sangre.

Con un cotonete le será tomada, después de haberle retirado el prepucio o abrirle delicadamente los labios de la vagina, una muestra del liquidito pegajoso que traiga por ahí, eso con la intención de detectar la existencia de peligrosos virus o cualquier otro tipo de transmisores de enfermedades sexuales.

Otra causante de muertes y excesivo gasto para el sector salud, es la diabetes. Para disminuir ambos, cuando usted salga de un restaurante, el Estado le tomará una pequeña muestra de sangre del dedo para comprobar si su negligencia criminal le llevó a consumir más azúcar de la debida.

Por fortuna las hemorroides no se han convertido en un problema de salud pública, pero prepárese: el ingenio del Estado no tiene límites, ya encontrará otra forma de meterle el tubito salvador en su cuerpo.

Bien cuidados.