Rana

Imagine usted que durante 50 años de su vida trabajó muy duro pastoreando, acarreando trabajadores en una organización pilar de las luchas obreras en México, cuyas siglas semejan el croar de una rana.

Recuerde todas las luchas sociales en las que usted fue un importante artífice al servicio de la modernización de su país. Un verdadero constructor de la patria, creador de sindicatos charros como muestra de una identidad nacional fortalecida.

Después de 50 años de guiar disciplinadamente a los obreros y a los campesinos que le fueron encomendados, sí, igual que los antiguos españoles, pero esta vez siempre en beneficio de los mismos trabajadores y sus familias, pues ya es necesario gozar los frutos de tan longeva, productiva y heroica vida al servicio de los más desprotegidos.

Llegó el momento de pensar en usted mismo. Sí, a veces, aunque el tiempo dedicado al servicio de los demás nos deje pocos espacios libres, usted tiene que pensar en usted mismo. No es que sea un vulgar egoísta, ya hablamos de todo el bien hecho a los demás, se trata de hacer una breve pausa y disfrutar, un ratito aunque sea, de los frutos de tantos años de arduo esfuerzo.

Servir y servir, esa podría ser la divisa de su vida. Con seguridad ya fue diputado local, y luego federal, y luego a lo mejor otra vez local, y federal y así sucesivamente. Ya ve, construir patria exige sacrificio.

Quién lo dijera, usted modesto como es, aceptó inclusive, ser presidente municipal de su pueblito, ese lugar alfarero y simpático, lleno de jarritos de barro al cual, usted con su tesón, supo poner en boca de todo el mundo.

Ahora deténgase un momento y vea cómo han crecido sus hijos. Sin duda su mejor herencia. Uno, mírelo, siguiendo sus pasos ¿eh? ¿Qué tal? Ahí lo tiene, orgulloso él de usted y usted de él. También un buen presidente de su pueblito, el cual debería llevar su apellido. Pero ese es otro tema.

Otro ya es diputado federal. Qué rápido crecen los hijos ¿no? Quién lo dijera, de dónde les vendrá el gusto por la política. Muchachos sanos. Bien chambeadores, bien queridos por la clase obrera, tan agradecida.

Y el otro. Mírelo tan guapote, una de las caras más conocidas del Facebook, con sus carros, sus viajes, sus viejas, sus tigres como mascotas, sus tiendas favoritas en el extranjero. Lujos bien merecidos, para eso su padre trabajó toda su vida. No puede haber dinero mejor invertido.

Qué inmensa satisfacción.

roberto.castelan.rueda@gmail.com