Preguntas

Pues manda a preguntar su majestad Francisco sobre el asunto de los homosexuales, jotos, gays, convivencias o como se les llame por esta tierra: que si tienen alma, como en la conquista, si son cristianos o no lo son. En otras palabras ¿cotizan o no cotizan en el banco Ambrosiano?

Van las preguntas en su verdadero tono para evitar herir susceptibilidades: “¿Qué atención pastoral se debería dedicar a quienes viven en uniones con personas del mismo sexo? Y, en el caso de que estas parejas hayan adoptado niños: ¿Cómo se debería comportar la iglesia pastoralmente para poder trasmitirles la fe?”

El cuestionario de 38 preguntas enviado por el Papa Francisco a las conferencias episcopales de todo el mundo para que lo distribuyan entre sus sacerdotes y le midan el agua a tan espinosos asuntos en compañía de su feligresía, no es para tomar una decisión democrática sobre el asunto, sino para tomarle el pulso al sentir de los católicos preocupados por las vidas ajenas.

En realidad Don Francisco quiere saber por qué nadie entre su feligresía le hace caso, empezando por su encargado del changarro en estas tierras jaliscienses, quien en un arrebato de pitoniso sentenció que “una sociedad que permita el matrimonio entre homosexuales, no tiene futuro”.

Al decir tan inteligentes y premonitorias palabras,  se imaginó al Nevado de Colima echando bolas de fuego purificador contra sodomitas y lesbitas quienes morían envueltos en enormes banderas multicolores buscando frenéticos un notario baratero, después de salir del Congreso del Estado.

O tal vez, con eso de que “los cambios no serán pronto”, según otro jerarca religioso, el Papa y su enviado en estas iturbidistas tierras, están jugando al policía bueno y al policía malo y mientras uno dice: “…la religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”, el otro nos augura un futuro bien calientito envueltos en las llamas del infierno por apoyar las prácticas “antinatura” de “las partes”.

En caso de que le llegue, conteste el cuestionario con seriedad y respeto. Piense si un niño estaría mejor en las garras del Consejo Estatal de Familia, listo para ser empaquetado y vendido a alguna pareja extranjera o con ese par de “raritos”, o “raritas”, dispuestos a formar una familia, con niños, perico, perro y un amor tal vez diferente, pero tan humano como el que usted presume.

O simplemente: encárguese de sus asuntos.