Persecución

Que la veo y que digo: pinche vieja, ya está subiendo pasaje. Y como que me vio y que se pela. Pero entonces dije: esta vieja no se me escapa. Y que agarro el radio y a hablarle a los cuates. Vénganse, vénganse, ando en persecución de una piratota. Y ya les dije el rumbo por donde andábamos y ahí vamos tras la pinche vieja.

Desde que la vi me dio mala espina, con su pinche carrito, muy arregladito, muy limpiecito. A leguas se veía que andaba tras pasaje. Y clarito vi cómo se subió un buey, y luego otro. Uno adelante y otro atrás. Y que me le dejo ir. No tardamos mucho en alcanzarla, un compa hasta la alcanzó corriendo, pues ya ve, entre tanto pinche bache y desviación todos andamos a vuelta de rueda.

Cuando la alcanzamos ya éramos como cuatro o cinco compas, bien equipados, con palos y desarmadores, como lo amerita la ocasión. Quién sabe qué tanto gritaba la pinche vieja y los batos todos aterrorizados, bien jotos. Bájense culeros, les gritábamos mientras le metíamos unos madrazos a los cristales. Cuando abrió la puerta la pinche vieja que le doy un buen tirón de greñas y zas, al suelo la culera.

Y que empieza a chillar y a gritar: que yo no soy pirata, que yo no soy pirata. Y que le digo: cállese  pinche vieja chillona, no se haga pendeja, clarito vi cómo levantaba pasaje. Y los batos también gritaban: que no somos pasaje, somos parientes. Qué parientes ni qué parientes, si luego, luego se les ve cara de esos mamoncitos que todo quieren resolver con sus Ipads o como le llamen a eso que usan para hablarle a los piratas.

Y así nos estuvimos un ratito, madrazo, patada, madrazo, patada y una bailadita arriba del pinche carrito para que se la volvieran a pensar antes de andar haciéndonos la competencia desleal.

Luego salió en las noticias que, pues, no eran piratas, que era una familia. Pues quién sabe si eran o no eran. Por lo pronto, dimos un ejemplo y desquitamos nuestro coraje. Además, todos tenían cara de esos bueyes que antes de subirse a un taxi preguntan ¿traes taxímetro? Y les vale madre que uno les pregunte, acá bien amablemente, y en buena onda: ¿cuánto te cobran?, siguen chingando que sin taxímetro no se suben. Pinche gente mamona. Y luego quieren limpio el carro, justo en donde van a poner su asqueroso trasero. Se pasan.

¿’Onde lo llevo?

roberto.castelan.rueda@gmail.com