Pendejo

Para el señor que cobra como presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el vociferar palabras ofensivas es parte de nuestro folclor. Y los mexicanos, como todo el mundo lo sabe, somos bien folclóricos. De hecho, en el mundo nos tienen catalogados como personas bien buena onda, bien cantadoras, alivianadas.

Cuando uno viaja al extranjero, siempre es muy recomendable llevar un sombrerote de paja que diga viva México cabrones, unos bigototes postizos, una trompeta verde y una botella de tequila. No sabes cuándo la vas a necesitar ni la de apuros de las que te va a sacar.

A donde llegues, tú puedes agarrar a tu compadre o depende con quién vayas, pero ir al extranjero con tu compadre te da un aire acá, como de más mexicano, entonces lo agarras del cuello y los dos comienzan a cantar Cielito Lindo y a caminar así, como si anduvieran bien borrachos, bueno, eso si no andan borrachos en serio, y vas a ver cómo la gente, primero sí se sacan un poco de onda ¿edá?, pero después ya les da risa, comienzan a cantar y hasta van a querer sacarse selfies con ustedes.

Es bien padre. La gente en otros países no va a andar preguntándote que si la violencia, que si  los muertos y desaparecidos y que si los niños migrantes detenidos en Estados Unidos, no, nada de eso, ellos qué saben de esos pedos, ni les importa. Ellos pa’ pronto te van a preguntar por la selección y si trajiste tequila.

Me cae, hasta cuando vas al Vaticano y estás esperando la salida del Papa, con tu sombrero, tu pachita, tu bandera y una trompeta, la gente se te acerca y aunque no sepan hablar español te van a decir: ahh, messicanos, tequila, mariachi, y en chinga sacan la cámara pa’ las selfies. Es bien padre. Se siente uno bien orgulloso que te reconozcan en todas partes y sepan que eres de México, a mucha honra.

Y es que en el extranjero sí saben valorar todos los símbolos que nos dan identidad nacional. Ya ves, hasta el poeta ese, que viajaba mucho y tenía rete harto conocimiento, escribió un libro sobre nuestra devoción por la chingada, fíjate, hasta él que tenía fama de culto nos definió como hijos de la chingada.

Por eso, el pendejo ese de los derechos humanos tiene razón cuando sale a defender nuestro deportivo grito de guerra  que unos putos remilgosos consideran como ofensivo, vergonzoso y agresivo.

Que no mamen.

roberto.castelan.rueda@gmail.com