Paz

El lunes 31 de marzo se conmemoró el centenario del natalicio del poeta y ensayista Octavio Paz. La importancia del centenario del poeta motivó sendos homenajes de distintas instituciones, incluyendo la presidencia de la república, cuyo titular, conocido por su amor a la lectura y las artes, dijo, mano al pecho y con un aire de quien anuncia le verdad revelada, que Paz era una de las mentes más brillantes de México.

Viniendo de quien viene, tal aseveración se puede tomar como una burla a la memoria del lúcido ensayista, quien a pesar de los coqueteos políticos que mantuvo con el guía ideológico de quien hoy gobierna este país llamando México, sabía distinguir entre una frase sincera y medianamente informada, de una frase protocolar hueca y obligada.

Entre otras cosas, las distintas conmemoraciones del centenario de Octavio Paz sirvieron para, como en el caso de la celebración oficial, tomarle el pulso al nivel cultural de México y los mexicanos. Y lamentablemente, en ese aspecto, tenemos una gran deuda con quienes vivieron para pensar, crear y recrear lo que podemos llamar la “cultura nacional”.

Algo mal hicimos en todos estos años para que ahora nos cueste trabajo reconocernos como herederos de pensadores y escritores como Paz, Efraín Huerta y José Revueltas. En este nuevo siglo, el México de hoy se ve muy alejado del enorme potencial creativo que junto con la formación de diversas instituciones republicanas, dieron forma a una identidad nacional a la cual ahora vemos como ajena.

Según Paz, triunfó la corrupción sobre el orgulloso reconocimiento a nuestro pasado indígena como base de nuestra nacionalidad. Los mexicanos, buscando nuestro propio ser nacional, nos descubrimos enemigos de nosotros mismos, descubridores tardíos de una modernidad que se descompone y viviendo, sin crítica, “el crepúsculo de muchos de los supuestos que fundaron hace dos siglos a la modernidad”.

Vivimos alejados del pensamiento, de la palabra y del lenguaje y aceptamos pasivamente, sin rebeldía, la condición de víctimas originadas por la corrupción vuelta característica nacional e id entintaría.

Nos uniformizamos en gustos y formas “La uniformidad es muerte y la forma más perfecta de la uniformidad es la muerte universal, la exterminación colectiva que se practica en el siglo XX”.

Carecemos de pensadores. Carecemos de debate. Carecemos de crítica.

Y conmemoramos a Octavio Paz.

roberto.castelan.rueda@gmail.com