Natural

Hizo bien en ir a la marcha comadrita. Ya es hora de ponerles un hasta aquí a estos locos que nos quieren gobernar. Ya lo dijo el santo papa, en México el diablo vino a hacer sus travesuras para probarnos, para ver de qué lado estamos y aquí nos tiene: estamos del lado natural, rechazamos el fresa y chocolate, como dios manda.

Para qué le voy a decir mentiras comadre, yo sí estoy rete asustada con este asunto de los jotos, las locas y lesbianas chichonas. Mire usted nada más, el otro día estaba yo muy tranquila, en casa, viendo mi telenovela mientras mi marido cenaba en la computadora, hey, ya ve que casi ya no quiere cenar con nosotros, se la pasa clavado en el feisbuk ese. Y entonces así, todos muy tranquilos en sus ocupaciones cuando llega mi hijo, el más chico y me dice: oiga ‘amá, y qué cosa es un transexual. Nombre, pues yo nomás me fui pa’ tras. Solté un Jesús bendito, luego me tapé la boca y como pude le grité a mi marido para que viniera en mi auxilio. Ya como sea me repuse y le dije a mi hijo, pues ahí está tu papá, pregúntale a él, yo creo que él sí sabe de los jotos y cosas de esas. Qué pasó vieja, me dijo mi marido, cómo sabes que yo sí sé de locas, no la friegues.

Mire comadre, como sea, antes nuestros viejos se encerraban en el baño con sus revistas de chichonas y nalgonas, pero ahora no, vaya usted a saber qué clase de cochinadas de pervertidos vean encerrados nuestros hijos.

Pero yo no me aguanté y al otro día ahí voy bien asustada con el padre del templo de mi casa. Sí, ese. Está guapote ¿edá? Ay comadre, si le platicara. Pero este no es el momento. Y le conté todo. Cómo ve padre. Tranquila hija, me dijo y me puso su mano velluda en mi cabeza. Ay mire comadre, nomás me acuerdo y se me pone la piel de gallina. No te preocupes m’ija, me volvió a decir mientras con su otra mano acariciaba mi mejilla. Mientras los niños tengan madres como ustedes, la obra del demonio no se va a concretar. Te invito a marchar, me dijo. Bueno, a una marcha. Tú solo te aprendes esta cancioncita: queremos papá y mamá, queremos papá y mamá. Y cuando termine la marcha nos vemos aquí ya más tranquilos.

Y así fue comadre.

Viera qué tranquilidad.

roberto.castelan.rueda@gmail.com